martes, 19 de diciembre de 2006

La Moneda en llamas: Horror que nos recuerda. Un caso del 11 de septiembre de 2006

Dagoberto Ramírez

Los espacios históricos guardan memoria, no por ser simplemente un lugar, sino porque ellos son una construcción cultural. Y el Palacio de Moneda ha sido desde fines del siglo XIX el lugar de la República, lugar donde se ha ideado lo que queremos ser como sociedad. El once de septiembre de 1973 es una fecha símbolo del quiebre de la democracia, y posterior a ella, dieciséis años de dictadura militar. De vuelta a la democracia chilena, el Palacio de Moneda vino a consagrarse como la mezquita del sueño perdido, como el muro de los lamentos donde una vez al año recordamos las atrocidades cometidas en dictadura. Antes de llegar al cementerio General de Santiago, es impensable no pasar a dicho lugar para conmemorar el gran sueño democrático. Vimos en el setenta y tres la Moneda en llamas, y eso jamás hubiésemos pensado volver a ver- claro que a menor escala-, pero bueno, el hecho se dio.

Jóvenes anárquicos, según prensa, fueron los responsables de tal atentado: una molotov fue lanzada a la moneda en plena conmemoración. Chile se escandalizó, la clase política y muchos antiguos partidarios del gobierno de Allende no podían comprender el por qué de este atentado en plena democracia. Es más, nadie logra comprender a estos rompe filas, rompe sistemas, rompe consenso, en definitiva, a estos nuevos actores denominado y autodenominados anarquistas. Podríamos ir en búsqueda de una interpretación emic sobre el asunto, pero sería fallida puesto que dentro de ese movimiento hay muchas vertientes ideológicas. Por tanto basta analizar el hecho, el hecho desde una dimensión simbólica. Muchos dicen que son jóvenes nacidos en democracia, otros apuestan a que son jóvenes que crecieron cuando ya estaba a punto de formarse el acuerdo nacional para retornar a ella, otros pensarán que son jóvenes que nada de conciencia tuvieron cuando la dictadura estaba en sus últimos estertores. No obstante, lo importante es comprender el hecho, porque ese día se manipularon símbolos. Lo cierto es que desde ahí tenemos serias sospechas sobre el equilibrio político de este país. Esta democracia, después de dieciséis años de Concertación, ha manipulado los espacios históricos, todos ellos se han hecho expertos en la gestión cultural, y a estas alturas Violeta Parra, Neruda, Víctor Jara, y otros, ya no pueden estar más blanqueados de sus ideales proletarios. Pero se ven bien, suenan bien, en cada acto público realizado por la Concertación. Claro está, la derecha de este país, jamás ha tenido a su haber un referente cultural (desde el punto de vista artístico), que pueda ser un capital simbólico/cultural que contagie, seduzca, que recree el mundo cultural artístico. Pero, por su parte, la Concertación cuenta con ellos- aunque estén muertos- y se ha especializado en sacar los ponchos y charangos a la calle cada vez que se necesita algo del pueblo, si es que se puede hablar de pueblo a estas alturas. Pero este cuento ya no se cree: Concertación= democracia; Concertación= cultura; Concertación= equidad; Concertación= cercanía al pueblo… Como diría Baudrillar en su “Economía Política del Signo”, es el consumo del signo vaciado de su historia. Así parece mejor folklorizar la cultura quitándole su raigambre histórica y política, de esta forma se han apropiado de los símbolos culturales, manipulándolos a su favor, porque seamos claros, el cuento de haber abierto las puertas de la Moneda para que circule el hombre libre ¿acaso nos es una manipulación simbólica para hacernos creer que vivimos en libertad, que vivimos en un mundo de inclusión?

La Moneda en llamas incineró el símbolo manipulado, la torpeza y genialidad del juego simbólico de la clase política.

1 comentario:

Katherine Fritis Lattus dijo...

cano, al verdad es que tu reflexion esta muy wena. al momento en que todos vimos arder morande 80 se creó una confusión -creo- desde todos los sectores, nadie se explicaba cómo era posible que en democracia se insultara de esa forma un momunento que la concerta se encargó de reconstruir simbólicamente...

eso refleja que la cosa de verdad está mal. tan mal que luego del funeral del dictador se comenzó a elegir a cual calle se le pondria Augusto... ¿que pasá acá con el levantamiento de este símbolo? ¿estaba acaso la UDI esperando que se muriera oficialmente para levantar su nombre como supuesto LIBERTADOR de la patria? yo creo que el gentío que llego a despedirlo -incluso la fiera que pasó por ensima de todos con su odio a la prole- son los que suman ese porcentaje de apoyo a Piñera y ahora quizás Longueira hicieron que la derecha se inflara de orgullo y sintiera que por fin tienen una representación..