Constanza Igualt Swett.
En ésta clase del 13-09-06, revisamos de manera conjunta los principales diarios nacionales que circularon por el país el día martes 12 de Septiembre, para detener nuestra atención en los hechos ocurridos el 11 de Septiembre de este año en Santiago, por la conmemoración o recordatorio de los caídos durante la dictadura militar en Chile.
Llama la atención el hecho de que una manifestación conmemorativa de los familiares de detenidos desaparecidos, fue empañada por la acción de grupos infiltrados que actuaban según lógicas distintas de las suyas, ya que asumían una actitud confrontacional y violenta, ya hacia el mayor símbolo nacional institucional “La Moneda”, ya hacia cualquier otro que se interpusiera voluntaria o espontáneamente a sus propósitos.
Creo que quitan legitimidad a éstas manifestaciones los infiltrados, ya que se difuminan entre las masas de gentes, y sus propósitos también aparecen inasibles, incomprensibles, no se sabe qué quieren, cómo lo quieren, qué reclaman. Lo que sí se ve, es que son anárquicos y opuestos al orden establecido por las instituciones.
¿Atacan por qué?, no sé. Quizás porque se sienten atacados precisamente por éste ordenamiento institucional que los excluye y eterniza su condición de marginalidad.
Pero ¿esa institucionalidad actual es la que los margina?, en lo personal pienso que ellos mismos se marginan con esto. Si quieren cambio, entonces que formulen y propongan nuevas estrategias de solución de sus problemas, porque por medio de la confrontación esporádica, medial, agresiva, no es mucho lo que se reivindican o esfuerzan para resolver su situación actual desfavorable.
Según un compañero dijo, consideraba que estas expresiones de violencia se manifiestan como respuesta de una que fue instalada durante el gobierno militar, que atraviesa la sociedad toda hoy, y la condiciona a actuar así. En esta justificación estaría la legitimidad de esas conductas que atentan incluso contra las personas que tienen la intención de manifestarse en función de sus sentimientos, homenajes y recordatorios de sus seres queridos en este día. Que estas expresiones de violencia extrema contra todo y todos, sean producto de la dictadura, lo encuentro absurdo, ya que en lo personal, no las justifico de ninguna manera, y menos creo que puedan ser atribuibles a la acción provocada por un personaje o por un hito histórico particular.
“Niña de seis años herida por una bala sin nombre ni destino”… , aparece en el diario, anexo a la noticia ya comentada. Mal, ¿No?.
La verdad, en estas circunstancias me resulta de imposible utilizar la antropología como medio para ponerme en el lugar del otro, para justificar estas escenas. No puedo ni quiero aceptarlas, cuando veo que algunos coartan la libertad de expresión fundamentada de otros, para causar daño a la gente por medio de conductas agresivas e intimidantes de los concurrentes, creo que eso no es democracia, y por ende, excede a mis parámetros de aceptación y validación de los actos ajenos.
1 comentario:
Estimada Constanza:
Cómo tú misma lo demuestras, es una mirada íntima, a la cual la antropología en su inquietud "científica" tiende a suprimir, cosa que cuestiono puesto que el hombre nunca deja de ser hombre con toda su historia por más antropólogo que sea.
Se demuestra en tu artículo tu posición social, y tu deseo social sobre los hechos descritos, no obstante, creo interpretar- aunque así no lo destacas- que la realidad social es muy compleja; muchas emociones participan en actos como estos, a favor o en contra, legitima ilegitimamente. Sin embargo, creo que un desafío antropológico es un poco más allá del juicio o prejuicio, e incluso de la verdad personal, lo que significa no necesariamente ponerse en el lugar del otro, sino un acto de comprensión. Indudablemente colocas en crísis a la antropología "humana", sí, humana por cuanto ésta existe en tanto hay individuos que se hacen llamar antropólgos, y la colocas en crísis frente a panoramas tan complejos como el descrito, pero que nos deben hacer mirar con unas cuántas preguntas, las cuales no necesariamente signifique comulgar con esas realidades.
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