Felipe Hernandez
Frente a la exposición de Raúl Molina acerca de su experiencia etnográfica en diferentes contextos rurales aislados (como arrieros y zona de Huasco Alto), me hizo reflexionar acerca de las implicancias de la existencia de comunidades que en cierta forma viven aisladas de las realidades nacionales que las circundan.
Hoy en día es muy difícil encontrarse con casos en los cuales hayan existido comunidades tan aisladas que para el resto de la personas sean desconocidas, pero si es posible encontrar comunidades que debido a su aislamiento geográfico se han desarrollado culturalmente en paralelo del grueso de las sociedades, creando pautas culturales propias a su contexto social y acordes a la relación establecida con la naturaleza.
Cuando el medio en el cual se desarrolla una comunidad es sustentable para mantenerla, ésta no ve la necesidad de salir de su lugar natural para obtener recursos, con esto el aislamiento se torna como una forma inherente de vida, acotada a un espacio geográfico que permite la supervivencia del grupo a través de la satisfacción de sus necesidades básicas.
Sin embargo la temática expuesta por Molina, referente al renacer diaguita, me llamó la atención por el hecho de que nos encontrábamos frente a un caso de reetnificación o de etnogénesis de una etnia que se suponía, hasta hace poco extinta, y que incluso se llegó a dudar de su real existencia; este hecho, en cierta forma este hecho puede ser mencionado como un ejemplo de lo que antes mencionaba con respecto al aislamiento, ya que podría ser el caso de que producto de esta condición, haya sido ignorada la existencia de una etnia.
No obstante este hecho presenta una mayor complejidad, por la cantidad de factores que en él se conjugan, en cuanto a temas legales, medioambientales, económicos, étnicos, identitarios entre otros, que hacen surgir algunas dudas, desde la opinión pública, acerca de la credibilidad de este proceso de reetnificación de los habitantes de un valle que ha estado inmerso en litigios medioambientales.
En definitiva, ante la ley, la existencia de la etnia diaguita está legitimada con todo lo que eso conlleva. Esta legitimación estuvo a cargo de la Comisión de Verdad y Nuevo Trato, en la cual participó un equipo multidisciplinario de investigadores (historiadores, antropólogos, arqueólogos), que ante la opinión pública entregan la veracidad de este fenómeno, algo tan necesario en nuestra sociedad.
Por último, no me queda más que preguntarme el por qué para que una aseveración y un sentimiento sean creíbles deben ser comprobado por medio de técnicas y metodologías, no basta acaso con confiar en las personas y no poner en duda sus planteamientos, acaso ¿desde el centro existe cierto temor en torno a las realidades que se desarrollan en las periferias y que no se conocen?
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