Alonso Mella
Uno de los temas más interesantes que se ventilaron al interior de la sala de clases este semestre, fue el que dejo instalado el Demógrafo Raúl Molina, experto en su área, fanático de la etnográfica y de la etnohistoria.
El tema era el suyo, le había dedicado su vida, la documentación fue extensa y apasionada, cual coleccionista aparecían los datos que nos llevaban a entender que en realidad los Huaquo Altino, si eran una cultura. Las razones esgrimidas, eran variadas, uno de los argumentos y tal ves el mas entretenido fue aquel, que decía que Huasco Alto, había sido un pueblo de indios durante la administración colonial, pero a este argumento, hay que agregar otro, el cual nos dice que los pueblos de Indios fueron muchísimos en dicho periodo. Tal vez el razonamiento de que el aislamiento y lo difícil, que era acceder a esos parajes hizo que permanecieran impolutos hasta hoy, por lo menos tan impolutos que ese solo hecho permitió ser reconocidos legalmente como cultura.
Como resistiría un pequeño poblado en plena cordillera a
Porque se libraron guerras expansionistas, como lo fue la guerra contra la confederación Perú / Boliviana y
Pues bien nuestro Estado, en un aquelarre histórico, consulto a sus tatitas muerto y decidió por acto de magia representativa, democrática y participativa, hacer aparecer una cultura. El mismo Estado que hoy en día practica un genocidio, militariza amplias zonas mapuches. Y en cuyas cárceles se encuentran mas de 270 presos políticos, un Estado que persigue brutalmente los diversos focos de resistencia, para favorecer el clima de tranquilidad que necesitan las forestales para invertir y así cumplir los nuevos compromisos comerciales suscrito con las potencias del orbe, pues bien , nos encontramos con una nueva pacificación.
En la década de los setentas o a mediados de ella, en un lugar del Santiago Oriente, se llevaba a cabo un espectáculo digno de destacar, cerca del conocido Manpato, camino a farellones, se encontraba el Far West, una replica de madera y cartón de un pueblo del viejo oeste norteamericano. Yo como observador privilegiado arriba de una diligencia, sentía el miedo de un asalto hecho por bandoleros mexicanos y algún gringo renegado y mientras nos detenían, robaban y ponían a buen resguardo el botín, eran sorprendidos por los Rangers que desde alguna parte aparecían disparando y ahuyentaban a los furtivos ladrones. Cuando no era ese episodio, era el ser acorralados y perseguidos por indios que cabellera en mano asustaban, hasta mas no poder a los asiduos visitantes. Una ves superado estos abatares, se llegaba al pueblo, donde al poco andar salía algún borracho volando por las volátiles puertas de alguna cantina, cuando la cosas parecían calmarse sonaban estruendosos disparos y aparecían veloces caballos guiados por especialistas jinetes que simulaban ir heridos y a punto de caer de sus sillas, mientras un Sheriff furioso lo perseguía. Para terminar y cuando la suerte estaba de nuestro lado aparecían en medio de la calle, dos duelistas cual Gene Hackman y Clint Estwood, ante este drama todos guardábamos silencio y expectantes aguardábamos el desenfundar de las pistolas, un par de tiros remecía el atardecer y un cow boy yacía en el suelo.
Que linda época eso de ser inocente y creer que aquello si era el viejo oeste.
1 comentario:
Estimado Alonso:
Es valorable tu análisis, puesto que tomas el tema presentado por el expositor visitado en clases, para darle vueltas a nuestra realidad nacional chilena, a la República nacional que tiene un espíritu que atormenta a la morena diferencia étnica.
Es muy interesante tu cuestionamiento con respecto a cómo el Estado reconoce la existencia de un pueblo precolombino, y por otro lado encarcela a muchos mapuche bajo la ley antiterrista. Tu metáfora del antiguo oeste gringo queda sin cerrarse, probablemente esa era tu intensión, sin embargo, apelas a la ingenuidad experimentada en la puesta en escena, cuando en otros lados la vida social se está jugando el pellejo.
La antropología, creo, ha estado ajena a este conflicto, a lo más se ha hehco un gobierno cibernético que en nada influencia a la sociedad (hablo del colegio de antropólogos), y que a lo sumo se ha limitado a enviar cartas firmadas por todos, mientras observamos a muchos abogados jugándose el pellejo por la causa justa, pero qué le vamos a hacer, en estos asuntos pareciera ser poco relavito impulsar un campaña más denunciante sobre las políticas estatales con respecto al uso de lo étnico.
Con frecuencia nosotros estudiantes de antropología, usamos la historia cruel vivenciada en la pacificación de la araucanía, para demostrar el genocidio nacional en el siglo XIX, y hoy no nos atrevemos a condenar estos hechos en forma pública y masiva. Será que el relavismo, como concepto, ha penetrado tanto nuestras mentes que ya no nos atrevemos a dar nuestra opinión personal por no caer en descrédito con una comunidad, que no deja de ser tan virtual como las campañas del colegio de antropólogo.
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