martes, 19 de diciembre de 2006

El renacer Diaguita

Erika Urrea Vargas.

Raúl Molina fue uno de los invitados a las clases del semestre, como geógrafo participó de un estudio que logró remover aguas, principalmente al interior de la disciplina arqueológica. El hecho en cuestión es el siguiente; éste año, el gobierno reconoció la existencia de la etnia Diaguita y la calidad de indígena diaguita, esto quiere decir que de un momento a otro, se paso a “resucitar” una etnia, que se suponía extinta. Si bien no asistí a la exposición de Raúl, me documente por Internet y me entere de la discusión por intermedio de mis compañeros.

Naturalmente este hecho tiene varias aristas desde donde mirar, hay una perspectiva desde cientistas sociales, podemos analizar el fenómeno desde los juegos políticos y de las implicancias que tiene una decisión de esta envergadura, también podemos fijarnos en lo que pasa con las comunidades que se ven directamente afectadas por esta resolución.

Pero me gustaría detenerme en un hecho en particular, que tiene razón con todas las susceptibilidades por parte de los arqueólogos en relación a lo sucedido, primero que todo muchos se sintieron pasados a llevar con ésta medida de gobierno, que al parecer poco los tomó en cuenta como comunidad especializada en el tema, por otro lado, se deja ver en los mensajes que se mandan en un largo listado, una especie de decepción por el poco peso aparente que tienen como disciplina y porque llegan a acuerdo que su conocimiento no se transmite y es muy poco conocido en otras esferas de la sociedad, ciertamente un tema que también toca de cerca a la antropología, al parecer reclamamos por ésta poca visibilidad que tenemos en nuestro que hacer, pero sin embargo, no hacemos nada por transmitir “al común de los mortales” nuestro conocimiento, nuestro términos y nuestras inquietudes, ¿no será que esta invisibilidad, pasa también porque de pronto somos demasiado herméticos? Al parecer los únicos que tenemos claro que aportamos algo a la sociedad somos nosotros mismos, y cuando vemos que no somos tomados en cuenta, reaccionamos de distintas formas, como el arqueólogo que cito más abajo:

“La duda es que donde quedan los arqueólogos como actores por largo tiempo privilegiados para elaborar esos discursos? Yo, y tampoco creo que Lucho, esta en oposición de esa construcción dinámica de identidades, solo creo que es un llamado de alerta al hecho de que nosotros como profesionales estamos siendo desplazados y ni siquiera convocados. Humildemente creo que tenemos algo que decir o no? Alguna vez fueron los indígenas quienes no tuvieron voz, hoy parece que los arqueólogos”. (Álvaro Romero),

Si bien me desvié un poco del tema de los diaguitas, aproveche la oportunidad para dar cuenta de una preocupación que al parecer hace tiempo ronda en el ambiente académico antropológico y ahora me doy cuenta a raíz de esta noticia que también en la disciplina arqueológica, cada vez más se esta segregando y polarizando el conocimiento, las discusiones disciplinares al parecer son cada vez más cerradas, lo que hace que sólo un público selecto pueda acceder a la discusión. En realidad más que el hacernos visible con un discurso que nos distinga, (cosa que es difícil porque siempre existen opiniones dispares) creo que el aporte debe ir orientado a permitir canales de dialogo y de reflexión.

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