viernes, 27 de junio de 2008

Explorando el mundo familiar de los jóvenes recluidos en el Centro de Internación Preventiva de la comuna de San Joaquin

Romina Venegas y Sofia Hernandez
RESUMEN

La aprobación de la nueva ley de responsabilidad penal juvenil, tenía dentro de sus bases el debate existente en distintos sectores de la sociedad respecto del discernimiento a la hora de cometer un delito. El alarmante incremento - 398% en menos de 10 años- de la participación de jóvenes menores de 18 años en delitos de carácter grave, a lo menos genera cuestionamientos acerca del sistema social, judicial y familiar del que somos parte como sociedad. En virtud de lo antes expuesto, esta investigación se concentró en uno de los temas considerados como centrales en esta problemática, referido a la constitución familiar de los jóvenes involucrados en acciones delictivas, destacando el tipo de vínculo y las figuras significativas existentes en el mundo adolescente, en el sentido de que la familia sigue considerándose como una institución primaria, de trascendental importancia en la formación identitaria de sus integrantes. Por lo tanto, el objetivo general de este estudio se basó en describir las dinámicas de interacción entre los jóvenes y sus familias, mientras que los objetivos específicos intentaron identificar la constitución familiar de los jóvenes entrevistados para así finalmente explorar el tipo de relación que poseen los jóvenes recluidos en el CIP con su grupo familiar.

I

Las dinámicas de interacción establecidas entre el grupo investigado son poco visibles y con límites difusos, dada la alta permanencia de los jóvenes fuera del hogar con su grupo de pares, este hecho determinará el que las significaciones que le dan sentido a su mundo estarán marcadas por la influencia que ejerza el grupo adolescente, ya que serán éstos y no la familia en cuestión, quienes responderán de forma satisfactoria e inmediata a las necesidades de estos jóvenes. A través de esta perspectiva, su biografía es construida en la calle, desde una posición marginal a la sociedad, ya que, en su mayoría, abandonan la educación formal a muy temprana edad, dejándoles mucho tiempo libre, expuestos a las libres influencias que el medio social más inmediato les brinda, dejando fuera a los adultos, quienes muchas veces se encuentran ausentes por motivos de trabajo, de problemáticas familiares que resultan dolorosas para los jóvenes, tales como violencia intrafamiliar, uso de drogas y alcohol, separación de los padres, entre otros. Al transformarse la calle en su hogar, el proceso de socialización es traspasado desde la familia hacia los pares, quienes asumen la labor de lograr el desenvolvimiento de los aspectos sociales, asumir pautas de conducta y conservar los valores compartidos con los miembros del grupo en cuestión. Así entonces, las actividades desarrolladas comienzan a establecerse desde una perspectiva grupal, en donde, muchas veces, los jóvenes de mayor edad y experiencia, se dedican a incluir en el mundo de la delincuencia a los más pequeños. En muchos casos, según algunas de las experiencias que pudimos conocer, son los mismos hermanos mayores quienes se encargan, directa o indirectamente, de instruir a sus hermanos menores en este tipo de prácticas, como es el caso de L.E de 16 años, proveniente de la población Parinacota de la comuna de Quilicura, quien nos narró la historia de su hermano mayor, quien hace un par de años atrás murió de un balazo en una pelea llevada a cabo con un grupo de narcotraficantes de su población, teniendo 20 años de edad. Para L.E, esta situación ha sido muy dolorosa, notando que sus ojos se llenaban de lágrimas al momento de hablarnos de este tema, destacando que mediante la observación que él hacía de las acciones que su hermano realizaba, fue conociendo el mundo del robo, de los asaltos y del uso de armas. Cuando su madre, quien trabajaba como manipuladora de alimentos hasta que enfermó gravemente, notó que su hijo menor (L.E) estaba dedicándose a este tipo de prácticas lo increpó, diciéndole: “seguiste los mismo pasos de tu hermano”, según nos contara L.E, en la actualidad ella se encuentra hospitalizada por una enfermedad renal, por lo que al momento de caer detenido en el centro, solo se encontraba viviendo con su abuela materna y su polola, quien está embarazada. Del mismo modo, nos señala que: “me llevaba mejor con mi hermano, le contaba mis cosas, ahora soy yo el de la casa” (Com. Pers, octubre de 2007), refiriéndose a que es el único hombre. Sin embargo, avanzada la entrevista, después de que le preguntáramos por quienes componían su grupo familiar, nombró a su padrastro, ubicándolo fuera de su familia, pues no vive con ellos, sino que en un departamento rente al suyo, a quien, además, ocasionalmente, acompaña a vender a la feria de frutas y verduras de la comuna de Maipú, afirmando que: “Con mi tío se gana entre 180 y 200, gasto 100 y 80 a la libreta”. L.E, posee una libreta de ahorros en el banco, con el dinero que obtenía en cada asalto, una parte la destinaba a sus ahorros. En este momento se muestra orgullos de haber hecho esto, pues en unos pocos meses será papá y con ese dinero pretende costear los gastos que se avecinan. Para L.E, siempre fue importante repartir su dinero, distribuyéndolo entre la familia de su polola y la propia, señalando que: “mi mami nunca me aceptó la plata, me preguntaba de dónde la sacaba y yo le decía que de por ahí” (Com. Pers, octubre de 2007). Del mismo modo, a su polola no le cuenta de sus andanzas, pues considera que: “mi polola es de casa, es tranquila” (Com. Pers, octubre de 2007), no queriendo involucrarla en los hechos que él cometía, quizás por lo mismo confiaba más en su hermano, pues compartían una cierta situación común, de algún modo una forma de concebir el mundo desde su práctica, desde la forma en que legitiman las estrategias para obtener dinero. Cabe destacar que este joven, ingresó al centro por haber robado una camioneta repartidora de cecinas, usando un arma de fuego apuntó al chofer de la camioneta, exigiéndole que le diera las llaves. Luego L.E, deambuló por las calles del sector norte de Santiago, vendiendo algunos productos y regalando otros entre los habitantes de su población en Quilicura, hasta que los carabineros lo detuvieron en la misma entrada de su población. De algún modo, pareciera que el grupo familiar no parece inmiscuirse en las actividades realizadas fuera del hogar, pasando a ser tibios los llamados de atención que aluden a lo moral, y como consecuencia de aquello sin efecto visible. Este aspecto no deja de ser menor si se considera que está en manos de la familia el proceso de transmisión de mecanismos, creencias y formas de concebir la vida y el mundo. El rol antes señalado ha sido abandonado por esta institución no por gusto, sino que por las extensas horas de trabajo que les impide estar presentes en sus hogares. Esta situación responde claramente al modelo social, económico y cultural en el que estamos inmersos, el que le otorga una gran valoración al éxito y acumulación económica, predominando el individualismo como forma de acceder a un amplio conjunto de bienes, tanto materiales como simbólicos, generando una crisis en la familia entendida tradicionalmente, en el sentido de que la cercanía cotidiana durante la época de crianza, cada vez resulta menor, ya que muchas veces se contrapone con la realidad de estas familias. Al respecto, otras instituciones o espacios sociales cobran relevancia en la vida de los jóvenes, como sería el caso de la escuela, el grupo de pares y por supuesto, más en este caso puntual, el mundo de la calle. Respecto de la constitución familiar, es posible apreciar que no es homogénea, ya que si bien, la gran mayoría vive con sus madres, el resto de los integrantes del grupo familiar es variado, dentro de los que se pueden sumar abuelas, padrastros, hermanas, primos y las mismas parejas de los jóvenes, quienes suelen mudarse a sus casas, una vez que quedan embarazadas. Dentro de los jóvenes que entrevistamos, de un total de seis, dos iban a ser padres prontamente, con edades entre 15 y 16 años. Al respecto, durante las conversaciones, los jóvenes, en general, no hicieron referencia a las condiciones físicas del lugar en donde habitan con su grupo familiar, es decir si el espacio es pequeño o grande, quienes comparten dormitorio, etc. Sin embargo, se refirieron a la población en donde viven, describiéndolas como peligrosas por la alta tasa de violencia ante la conformación de pandillas rivales dependiendo de la población a la que se pertenezca, generando muchas veces, peleas entre bandos contarios, como es el caso de A.D de 16 años, proveniente de Puente Alto, quien señala que: “maté a un cabro, fui a cobrar la mata”, refiriéndose a que un joven mimbro de otro grupo había molestado a su hermana menor, golpeándola en reiteradas ocasiones, por lo que decidió vengarse y en una noche en que se topó con este joven le disparó desde unos metros impactándolo en el pecho, al respecto afirma que: “le disparé y me fui pa Los Angeles […] Gracias a Dios nunca me pillaron” (Com. Pers, septiembre de 2007). En este sentido, los sectores en donde viven estos jóvenes, en su amplia mayoría, se trata de poblaciones compuestas por las llamadas “viviendas sociales”, vinculándose con los sectores más pobres de la sociedad. Es sabido que las realidades habitacionales de esta parte de la sociedad son complejas, en el sentido del hacinamiento, la mala calidad de los materiales de construcción, la escasez de áreas verdes, entre otros problemas identificados, incluso, por sus mismos pobladores. Sin embargo, gran parte de nuestros entrevistados afirmó que se sienten a gusto viviendo en estos lugares, considerando sus redes de amigos, las fiestas a las que asisten, entre otros elementos, de nuestros entrevistados la mayoría posee su domicilio en las comunas tildadas como periféricas, las cuales, a su vez, conllevan en su existencia grandes estigmas sobre el mundo de la droga y la delincuencia, como es el caso de Puente Alto, Quilicura, Pudahuel, Lo Espejo, entre otras. Así las cosas, cuando al preguntarles por sus proyecciones al momento de quedar libres, dejar el centro, ya sea por término del proceso y/o condena, muchos jóvenes nos dijeron que una opción sería desvincularse del ambiente cotidiano que frecuentaban temiendo, de algún modo, que sus antiguas amistades los impulsaran a seguir en los robos y demás prácticas vinculadas al delito. Sin embargo, para muchos, las precarias condiciones económicas se los impide, quedando así la familia enmarcada en un mundo de pobreza, entendida como carencia, referida a la incapacidad de satisfacer un determinado número de necesidades consideradas como universales, o desde un punto de vista de su consumo en lo que se ha llamado “estar debajo de la línea de la pobreza”, situando así a la familia y a sus miembros en una compleja relación con el ambiente socioeconómico que los rodea día a día. En este aspecto, salvo un caso, las familias nucleares, demostraban gran interés en apoyar a los jóvenes en su proceso de reincorporación social, demostrándoles su apoyo en los días de visita. En dicho espacio, los jóvenes se sienten afortunados por poseer a un ser querido que los acompañe en este difícil proceso, más aún, para aquéllos que lo viven por primera vez., incluso en algunos casos, como en el de G.J de 16 años, su padre que había dejado el hogar que compartían junto a sus demás hermanos y su madre, lo visitaba después de que había pasado un largo período sin verlo. Al respecto, resulta importante señalar que los jóvenes, en su mayoría, no provenían de familias vinculadas a prácticas de delincuencia, siendo casi una excepción el caso de C.O, de 17 años, quien afirmaba que el uso de armas blancas y de fuego, resultaba un hábito frecuente en algunos ámbitos de sus dinámicas familiares, pues a veces, tal como señalara: “Nos ponimos a tomar, mi abuela se opone […] después sacan cuchillos, se ponen a pelear, yo ahí me viro mejor”. Este joven, consume pasta base, pudiendo llegar a gastar $500.000 en la compra de esta droga, la que es financiada mediante asaltos frecuentes, a bencineras, farmacias, robos domiciliarios, entre otros, siendo este último el motivo de su detención. C.O ha estado detenido otras tres veces, dice que es difícil cambiar y que no está seguro que quiera hacerlo, comenta lo difícil que es dejar de fumar pasta base, sumado a las influencias que ejerce su grupo de pares. Para C.O, al igual que para A.D, el uso de armas es algo muy necesario para su sobrevivencia dentro de la población, como un método de defensa. Para el mismo A.D, el uso de armas ha sido habitual, desde que a los 11 años su padrino le regaló un revolver. Es por esto, que la reincorporación social que estos jóvenes puedan vivir, se ve mediada por una serie de factores, en donde tanto la influencia de sus pares, así como otras situaciones como la pobreza, la frecuente fragmentación familiar, terminan por dibujar un círculo difícil de deshacer, en donde la familia no siempre posee la capacidad ni la pertinencia para concretar en sus hijos los ideales de una sociedad que se perfila como monotemática, en donde el éxito económico está reinando las diferentes esferas de la sociedad. REFLEXIONES Las relaciones establecidas en este tipo de ambiente terminan por configurar la identidad de estos jóvenes en los bordes de una sociedad hegemónica y monotemática que los excluye explícitamente. Lo antes señalado los lleva a buscar salidas a muy corto plazo, de tal forma que puedan acceder a aquello que no podrían hacerlo con la remuneración de su familia, o con la que ellos mismos podrían obtener teniendo un trabajo tradicional. El tipo de relación establecida entre los jóvenes y sus familias es definida por ellos mismos, como buena y de confianza, parámetro establecido en relación a la permisividad que veían por parte de su grupo familiar hacia su actividad en la calle. Hay que señalar que aquella permisividad a la que se hace referencia, puede corresponder a la falta de argumentos necesarios para impedir que sus hijos continúen vinculándose con la actividad delictual, ya que al estar insertos en un medio que prácticamente los determina, existe, por parte de los padres, una cierta resignación de que hay muchas más alternativas para ellos. Claramente, en las entrevistas, desprendido de los discursos de nuestros interlocutores, se puede afirmar que las relaciones más fuertes son establecidas principalmente con la madre, la que es identificada como mujer trabajadora, que debe sacrificarse por brindar el sustento familiar, cuando el padre está ausente. Sin embargo, como señalamos en el presente informe, existían casos en que durante la reclusión, los padres se habían hecho presentes, prometiéndoles apoyarlos en este transe, todo lo cual hablaría de una suerte de rearticulación familiar emergente, producto de una situación puntual como es hecho de permanecer en un centro de reclusión. En su mayoría, los jóvenes se muestran sensibilizados con el dolor de sus madres al estar ellos recluidos, a lo que algunos responden con un compromiso verbal de que no se volverá a repetir. Otra de las figuras consideradas como significativas en el mundo de estos adolescentes, son sus parejas, quienes son incluidas dentro del grupo familiar, ya que a muy corta edad viven con ellos, en especial cuando están prontos a ser padres. En cuanto a los tipos de valoración que los jóvenes señalaron, respecto a sus parejas/pololas, se vinculaba con el apelativo de “tranquilas” o “niñas de casa”, expresando implícitamente que ellas no se dedicaban a las prácticas de delincuencia como ellos, demostrando, quizás, que su accionar no es algo inocuo. Finalmente, parece interesante señalar, que una de las motivaciones más visibles, percibidas en nuestro trabajo de investigación, se relaciona con aquéllos que pronto se convertirán en padres, quienes lo comentan con orgullo, haciéndose responsables de sus mujeres y sus hijos, prometiendo, en algunos casos, cambiar por el futuro de sus propios hijos. ¿Será en este punto, el hecho de convertirse en padres a temprana edad, un elemento que comience un nuevo tramo en el círculo de la pobreza?, ¿Habrán vivido también sus padres este proceso de transformación cuando iban a nacer sus hijos?, sin duda, las dinámicas familiares suelen repetirse, en un contexto donde las aspiraciones de vida, no suelen ser las de la mayoría. La educación, dada sus características en nuestro país, marcada por una clara segregación social, no suele ser un modelo al cual aspirar entre los jóvenes de las clases más populares, por lo que sus caminos para obtener los mismos ideales, que los demás miembros de la sociedad persiguen, a saber el exitoso económico, es buscado por otras vías, más a corto plazo, que implica atacar a un otro, que por lo general, es otro culturalmente distinto, que ha ocupa un lugar distinto dentro de la sociedad, a veces extremo respecto de la que vive un joven adolescente poblador de las periferias urbanas, económicas, políticas y sociales, entonces ¿por qué seguir hablando de una rehabilitación?...

BIBLIOGRAFÍA
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Rocher, Guy, Introducción a la Sociología General, Editorial Herder S.A., Barcelona (España) 1973.
Hermoso, Paciano, Teoría de la Educación, Editorial Trillas, México 1981. Latorre, Analía. Configuración Vincular en Adolescentes en Riesgos Social. Universidad Nacional de la Plata. 2002.

Imaginarios sociales y sociedad carcelaria: construcciones del otro, y de sí mismo. Perspectivas desde una institución de menores*.

Claudio Contreras Véliz**

Resumen.

El presente texto aborda las representaciones sociales que se construyen al interior de la población juvenil del centro de detención de menores del Sename, en la comuna de San Joaquín, respecto de sí mismos y en su relación con el resto de la sociedad, como también de las representaciones que construyen del otro, es decir, del ciudadano corriente no penitenciario.

En una sociedad chilena, proclive a plantear soluciones de reclusión o internación para individuos considerados como problemáticos o conflictivos socialmente, se presenta esta doble composición de representaciones sociales entre dos grupos determinados: los jóvenes “delincuentes” y los ciudadanos corrientes ajenos a la realidad de los internos adolescentes.

Abstract.

This text addresses the social representations that are built within the youth population of the juvenile detention centre of Sename, in the comune of San Joaquín, with respect to themselves and their relationship to the rest of society, as well as representations that build on the other, namely the ordinary citizen not prison.

A Chilean society, prone to raise solutions internment or imprisonment for individuals considered as problematic or conflicting socially, presents this dual membership of social representations between two specific groups: young people “criminals” and ordinary citizens outside the reality of internal adolescents.

I.

Pantalla plana de realidades intangibles. Latencia de un acontecer, de un estar sucediendo entre nosotros, pero aún así, palpable –para una generalidad- sólo por medio de las paladas de existencias que entrega un aparato televisivo. Programas y shows de audiencias nacionales, donde por unas horas nos aproximamos, sensacionalistamente o no, a esos otros que constituyen la temida "cultura de la calle”, es decir, los “jóvenes delincuentes”. Imágenes parpadeantes entre la sucesión de un transcurrir cotidiano, entre la rutina del ir y venir desde y hacia el hogar, y la visibilización potencial por parte del lenguaje hegemónico de los medios de comunicación social.

Estamos cada vez mas inmersos en nuevas lógicas de ordenamiento global y local, de transformaciones producto de una “modernidad radicalizada” (Beck 2002), y que Ulrich Beck ha llamado la “Sociedad de Riesgo”, apelativo que busca expresar la característica central que bosqueja nuestro vivir: “La sociedad contemporánea está sometida a un cambio radical que plantea un reto a la modernidad basada en la Ilustración y abre un ámbito en el que las personas eligen formas sociales y políticas nuevas e inesperadas” (Ibíd: 1). Alteraciones que derivan en nuevos espacios sociales, culturales y hasta individuales. Aspectos como la exclusión-inclusión, ya no vista solo en campos atingente a políticas sociales orientadas hacia la población pobre de los Estado-nación, sino también en campos de rebeldía y resistencia a las políticas cohesionadoras de sociedades, más que locales-nacionales, globales. Realidades y tensiones, que arrojan indicios de nuevas resignificaciones en el convivir y coexistir. Conceptos como “Cohesión Social”, imperante en los horizontes públicos de las autoridades administrativas del Estado, que chocan frente a las tendencias de nuevos tipos de agrupamiento y relaciones sociales, de la individualización del sujeto social por otro lado, así como también de las nuevas comunidades y culturas resistentes (entiéndase también grupos como tribus urbanas) y/o reticentes al sentido de lo social, entendido e impuesto por otros grupos, ya en posiciones más hegemónicas, sobre el ser y sentirse en un ámbito social determinado.

De este modo, aspectos como la incertidumbre, la supervigilancia y la exposición entre los grupos sociales, modelan ciudadanías de regímenes fundados en la desconfianza, el control y los aislamientos sociales. Será en el “Allá”, en las estigmatizadas zonas periféricas de la ciudad, donde yacerá la noción colectiva de los grupos mejor posicionados en la comunidad urbana, la raíz del conflicto social. El “antisocial”, a fin de cuentas, simboliza para el ciudadano “corriente”, aquel sujeto inmerso en lo “preferiblemente deseable” por el que se aboga en las leyes y códigos de la sociedad, un elemento más de inestabilidad, inseguridad y de causa principal de la problemática que afecta al resto de sus congéneres, conciudadanos y/o connacionales.

De esta manera, la sensación de riesgo e inseguridad, impone en los grupos dominantes o mayoritarios, la concepción de herramientas y medios que permitan controlar a los grupos disonantes con la lectura social reinante bajo los preceptos de los patrones predominantes. Métodos, que se traducen principalmente en la privación de libertad, en el encerramiento y como diría Foucault, en el “buen encauzamiento” de los sujetos disidentes o inadaptados. Es, desde esta perspectiva, que el poder disciplinario –como bien explica el pensador francés- permitirá “enderezar conductas”, replanteando el sentido del vivir y de ser del sujeto cuestionado, esto es, la fabricación de un nuevo individuo (Foucault 2002: 157).

Es, en las instituciones carcelarias, a visión de la comunidad, el medio por el cual el “joven delincuente”, el “antisocial” si así se quiere, podrán ser controlados y asimilados a las racionalidades y modos de vida del resto de la sociedad, perpetuando un modo de control y sometimiento de aquellos otros no-controlados. Contexto institucional por lo demás, que delata la noción carcelaria como fundamento de solución exclusiva para todo agente inadaptado a los patrones socioculturales imperantes en el ordenamiento social. En un sistema y estructura social de tipo carcelaria, la directriz principal es la de un estricto “Control Social”, entendiéndose esto, que a partir de la relación igualitaria legalmente ante la organización social, igualmente se da una construcción asimétrica entre los individuos y el poder, especialmente el estatal: “El control que el Estado ejerce sobre el individuo, esta nutrida justamente de la “sumisión dóxica”, condición mental donde el sujeto obedece, pero reconoce los mecanismos ordenados detrás de la violencia simbólica” (Moreira 2001: 22). La identificación de los medios formales de control social, como el ordenamiento penal, la policía, los tribunales de justicia, y por supuesto, las instituciones penitenciarías (Ibíd: 17), serán principios arquitectónicos de una perspectiva social fundamentada en el control y el castigo reclusivo.

El principio de ordenamiento social fundado en la institucionalización de las estructuras de una sociedad dada, se yerguen más que nunca, como un importante paradigma de las sociedades modernas. Las “Instituciones Totales”, como le llamó Erving Goffman, denotan tales pulsaciones de la modernidad. La burocratización y control de hechos cotidianos en el vivir como dormir o circular, se ven alterados bajos los regímenes que organizan dichas instituciones, afectando e influyendo en el individuo internado sus practicas cotidianas que solía realizar. Así, las instituciones nacen como causa y razonamiento para comprender-se en la legitimación de la privación de libertad de otros, de personas que si bien pueden ser consignados como partes de una misma identidad nacional o regional, no se traduce sin embargo, en una igual identidad, al momento de experienciar y relacionarse bajo espacios territoriales contiguos, como podría ser al interior de las configuraciones espaciales de una ciudad.

Es que en la manera de organizarnos y vernos socioculturalmente, sobresalen muros construidos diacrónicamente sustentados en la legalización de las pautas sociales, de la burocratización de los espacios de reformación y control social, así como de la imposición de modelos ciudadanos en una época de conflictos globales-locales y en que las relaciones se entrecruzan y resignifican en un mundo de aconteceres líquidos como bien expresa Zygmunt Bauman. Liquidez de la sociedad, donde el individuo se eleva como agente, un actor, por este derretimiento de los ‘sólidos’, de las tradiciones y estructuras, a fin de cuenta, de los compromisos: “Los sólidos que han sido sometidos a la disolución, y que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad fluidas son los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones colectivas –las estructuras de comunicación y coordinación entre las políticas de vida individuales y las acciones políticas colectivas-.” (Bauman 2002: 5). El sujeto, como agente libre, y la sociedad como contenedora de dichas decisiones, escurren entre patrones y tradiciones, desenvolviéndose en la declinación respecto de, precisamente, aquellos compromisos relacionales entre sí, como también, de los ordenes imperantes pero ya decadentes.

Situación contemporánea en que uno, como sujeto e individuo colectivo, se piensa y aprehende a los demás dentro de percepciones ideacionales, imaginarios originados en el ser humano y social.

En consecuencia, los “Imaginarios sociales”, entendidos como: “verdaderos esquemas de inteligibilidad de lo que es, en definitiva, una realidad invisible” (Baeza 2000: 9) fluyen ya no bajo “ideas” totalizadoras y coercitivas, sino, bajo múltiples modelos imaginarios de percepción experiencial en la cotidianidad del andar, hacer y vivir de la urbe.

II.

Dentro del juego relacional que se da en el universo de los grupos sociales que se constituyen en las sociedades, se presentan diferentes maneras de construir sentidos de pertenencia, identidades e imaginarios sociales, no obstante ideologías macro que aglutinan buena parte de ellos. Lo último, implica que si bien estamos inmersos en sociedades fundidas en procesos globales, modernizadores y de homogeneidad institucional y organizacional, igualmente se desarrollan significaciones y simbolismos individuales y colectivos, que serían esquemas absolutos de realidades (no siempre tangibles o visibles) y de sentido existencial colectivas, que van ligadas estrechamente con la historicidad caracterizante de la épocas contemporáneas a cada imaginario de un grupo social determinado: “Sugerimos, en verdad, que los momentos históricos van configurando formas de imaginar, individual y colectivamente y que éstas van, en un sentido dialéctico, caracterizando a esos mismos momentos históricos” (Baeza 2000: 16). Es en el sujeto, actor y protagonista, desde la cual se funda la génesis del imaginar, pero que va construyéndose a partir, del sentir de una colectividad.

Es así, como dentro de los marcos de una sociedad chilena, en un contexto sociocultural mestizo latinoamericano, y en relaciones internacionales sumidas en concepciones globales y de interconectividad, se pueden –aún así- distinguir grupos diferenciables muy marcados, reflejando con ello, construcciones ideacionales (imaginarios sociales) diferentes en rasgos más específicos unos de otros. De esta manera, existe por una parte, y en el caso especial que se intenta tratar, el imaginario de una sociedad y sus ciudadanos, de tipo economicista y legalista, con patrones y códigos culturales sustentados en el respaldo de instituciones y estructuras organizacionales tendientes a lo correccional y represión, con el fin de asimilar cualquier intento de escisión en las lógicas imperantes de las relaciones de poder. En cambio, por el otro lado, existe una ciudadanía más renegada, resistente de la institucionalidad de la burocracia y el encauzamiento. Individuos que ven en los organismos institucionales de control, un enemigo más que un ente responsable de bien público.

Así, jóvenes recluidos en instituciones penitenciarias o de privación provienen de ámbitos colectivos con expresiones socioculturales diferentes a los de otros grupos sociales muchas veces, vecinos a ellos. Expresiones como: “Voy a trabajar…” a tal lugar (referido por uno de estos adolescentes) cuando esa concepción de trabajo, significa para el otro “de robo”, ya implica construcciones e imaginarios distintos, hasta opuestos. Lo que para uno es asalto, robo, hurto; para el otro, es trabajo. El uno como el otro, representan, y se autorepresentan como legitimas expresiones desde lo cultural, legitimas manifestaciones en un mundo especifico y de lógicas afines a ellos en sus dimensiones particulares. La aprehensión del mundo será a partir de estos imaginarios erigidos desde lo individual-colectivo, generándoles por cierto sentido entre sí, pero conflicto para con el otro.

Es entonces que en la asociación, la cohesión y el comunitarismo, por ejemplo, en las diversas maneras de organización, es donde yace el éxito de la supervivencia del ser humano, y por cierto, en este imaginario colectivo de constructores de realidades.

No es entonces en la individualidad del ser, donde reside el acontecer de un imaginario, sino en el individuo social, en ese sujeto y el otro, reunidos ellos, bajo ideas y quehaceres comunes que los van distinguiendo de otros grupos, generando con ello, imaginarios de sí mismos, como de los demás. Es así, que si bien ese hombre social, se constituye a partir del hombre como ente individual, el Self, es innegable la aportación relacional y colectiva del los seres humanos para la constitución de una red social que sustente imaginarios y cosmovisiones respecto de su mundo circundante, como de los demás; de ahí, desde el imaginario social, la cotidianidad del percibir y pensarse como sujeto social en una sociedad dada, se manifestarán como rodamiento central en la configuración y funcionamiento de la sociedad. En ese día a día del existir, en lo ordinario de lo cotidiano, es que el Hombre se muestra como ser individual y social al mismo tiempo, al momento de las edificaciones imaginarias.

Ahora bien, la constitución de imaginarios no involucra por cierto maneras rígidas de estructuración social o de la imposición de un modo determinista y perpetuo de verdades absolutas de un grupo humano. El yo, el sujeto o el actor, en conceptos de la teoría de la agencia, actúa, experimenta e interactúa a través de dinámicas no siempre dadas, sino también, a través de la toma de decisiones. Los fenómenos socioculturales, se desprenden a partir del accionar de los individuos. Así, la relación entre las estructuras, instituciones o sistemas respecto del quehacer individual, podría constituirse como un marco, pero no necesariamente como una determinante: “…, aun las más fuertes determinaciones sociales, antes de poder operar con toda su presunta eficiencia, han de ser procesadas, ‘digeridas’ por subjetividades particulares, pudiendo por ello ser, o bien aceptadas, o relativizadas, o hasta evitadas” (Baeza 2000: 18). Ello, simboliza un poco ese halo de negociación que se puede dar entre un grupo dominador que somete a un sujeto por medio de la reclusión en una institución de tipo total, como también, los mecanismos de “buen encauzamiento” del cual hacía mención Foucault.

El encuentro de un representante de una cultura, “la cultura de la calle”, si bien confronta en los territorios y espacios comunes públicos, con los modos y costumbres particulares de los demás ciudadanos de un lugar determinado, es sometido también a encuentros y reconsideraciones en lugares ya no tan libres, como son las instituciones y centros de control y privación de organismos públicos estatales, donde se impone el imaginario de los ciudadanos no pertenecientes a esta “cultura callejera”.

Será, en estos puntos enclaustrados de encuentro, que corregidos y rectores, unos y otros en su dimensión social, se confrontarán –ya generalmente- en diálogos sordos de autorepresentacion e imaginario de sí y de los demás.

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** Estudiante de Antropología Social, Bachiller en Antropología, Chileno.

El rol del Estado, la familia y la comunidad

Carolina Díaz Araya.

Resumen

En el siguiente trabajo se pretende conocer el o los discursos existentes dentro del CIP sobre la reinserción social de los jóvenes, en cuanto a los discursos sobre sus posibilidades reales de reinserción, teniendo en cuenta la nueva ley penal de responsabilidad adolescente y las distribuciones de responsabilidad que existe entre las diferentes esferas que componen el mundo social: Estado, Familia y comunidad.

Abstract.

In the following work one tries to know or the existing speeches inside the CIP on the social rehabilitation of the young men, as for the speeches on his real possibilities of reinsertion, having in it account the new penal law of teen responsibility and the distributions of responsibility that exists between the different spheres that compose the social world: State, Family and community.

I.

Durante el trabajo de entrevistas, realizado en el Centro de Internación Provisoria (CIP) a los jóvenes detenidos y a los funcionarios: gendarmes y coordinadores, las incógnitas que surgen tienen directa relación con los datos recolectados y lo que se espera de la rehabilitación de los jóvenes del CIP. Así como la visión que poseen los trabajadores del SENAME y de gendarmería. Los niños entrevistados fluctúan entre los 13 y 16 años y se encuentran recluidos cumpliendo con un régimen carcelario cerrado. En el lugar cumplen horarios y realizan diversas actividades con fines recreativos y como parte de un complejo funcionamiento institucional.

No esta demás decir que la ley en su objetivo sobre erradicar la criminalidad y delincuencia ha fracasado rotundamente, no así, en el objetivo más encubierto, el cual parece ser el de establecer un consenso dentro de la población para entender lo que es una conducta criminal; en este sentido, la ley ha logrado con creces aquello. Construyendo subjetivamente, bajo el aparente sentido común de la población, las ideas y valores sobre lo que es “bueno o malo” dentro de lo socialmente aceptado. De esta manera existiría una construcción hegemónica que delimita los bordes de lo legal/ilegal. Y es esta la concepción que se sustenta culturalmente y es traspasada a los individuos, operando como constructora de realidad y sentido, cada vez que nos exponemos a acciones que están en el borde de lo legal, sabemos en que lado estamos.

La privación de libertad, ha sido casi tan antigua como la historia de la humanidad, en cuanto a castigos punitivos para aquellos que se salgan de los marcos de lo legal. El encerrar no es exclusivo de las instituciones carcelarias, también existe ese concepto en los hospitales psiquiátricos y otros, Foucualt ya ha hablado, extensamente, de ello. En el caso del CIP, el encierro es durante un corto periodo, hasta que salga la condena o vuelvan a sus casas, en el intertanto, los niños/jóvenes comienzan una rutina que está apuntada a su integración social, lo cual tiene por objetivo que los internos no vuelvan a reincidir y se mantengan fuera de las drogas.

Todo ello no es nuevo. El antiguo sistema penal tenía cláusulas en la cual se apostaba a la autoridad paterna para el disciplinamiento y hacia una clara diferencia entre actuar con y sin discernimiento. Se actúa con discernimiento desde los 16 a los 18 años, posterior a eso, es responsabilidad penal total. Lo cual termina con la nueva ley, que declara que los mayores de 14 años son imputables; lo cual provoca que una gran cantidad de niños ingresen por delitos menores o graves al sistema judicial, los mismos niños que antes eran entregados a sus padres, ahora son detenidos.

Sobre la reinserción misma, es posible decir que estimula a los jóvenes a responsabilizarse por sus actos y ha comprender que ellos y los demás son sujetos de derecho y deberes, como cualquier persona, por ello no debe pasar a llevar aquellos derechos. La sanción tiene como fin el de ejercer una sanción social, y de esta manera entregar una imagen a los jóvenes sobre la eficacia con el que actúa el sistema. Entregar herramientas para el no se siga delinquiendo, esto implica fomentar las redes personales, familiares y comunitarias. De esta manera, la reinserción se basa en dos pilares: la familia y las redes como apoyo y fomentar una imagen de Estado omnipresente, que vigila y castiga lo ilegal (Del Gatto, 2005)

II.

Para entender de mejor manera como es que algunos jóvenes llegan a centros de internación provisoria, lo más adecuado es referirnos al contexto: la sociedad y la cultura.

Cada día a través de los medios de comunicación se dibuja y consolida la imagen de una juventud que pareciera ser cada vez más violenta, descerebrada y drogadicta. Prejuicios todos ellos amparados bajo el alero de los medios de comunicación. Los y las jóvenes, aquel segmento que la biología y la ley establece entre los 13 y 18 años, pareciesen moverse dentro una sociedad que se muestra hostil o poco tolerante con las nuevas formas de ser, vivir y comunicarse que tienen estos. Brechas generacionales que existen desde siempre, lo estático o tradicional que se ve enfrentado ha revoluciones del lenguaje y comunicación, y es la juventud la que trae, muchas veces, estas nuevas formas de ser y moverse en el mundo. Formas que muchas veces están dentro de un marco legal o establecido, ir contra la norma no es lo que las caracteriza a los movimientos que emergen desde la juventud, la mayoría de ellos son modas que vienen desde afuera y que se adoptan rápidamente en Chile y se modifican bajo los parámetros de la cultura que adopta la nueva moda. Debido a esto, las modas en Chile poseen aspectos que las diferencian de donde nacen, y ello tiene mucho que ver con la manera en como se estratifica la sociedad, los sectores y las clases sociales, todo ello tiene sus raíces en una cultura de capitalismo tardío, muy consumista, de distribución económica desigual; entre otros elementos que caracterizarían la sociedad chilena.

Si bien existe un amplio grupo social que tiene acceso a las nuevas tecnologías, a las modas y tendencias; existe un grupo aun mayor, que no posee el exceso a ellas, sin embargo se mueven dentro del mundo social, desde la marginación, claro está. Para los hijos de la marginalidad, las modas no están vetadas, ni las ansias de consumo, en un mundo de restricciones ellos se las ingenias, así como sus padres, para moverse desde aquella marginalidad. Si bien, esto podría interpretarse como una mirada materialista sobre el fenómeno de la delincuencia ejercida por menores de edad, lo cierto es que no es un punto menor dentro de la complejidad del asunto, y esto porque finalmente lo que se roba (si este es el delito) son artículos que se invierte en estatus (zapatillas, ropa de marca, celulares y otros); para droga y también se transforma en sustento familiar, lo cual vendría a componer el lado simbólico del fenómeno. Funcionalmente, la delincuencia actúa como catalizador del inconformismo y como fuente para saciar necesidades.

Durante el trabajo de entrevistas, realizado en el Centro de Internación Provisoria (CIP), la visión sobre la reinserción, vista esta como el abandono de las prácticas delictuales y que se alejan de la norma, parecen apostar a esferas de la vida social que están inmersas dentro de la misma lógica que sustenta la delincuencia y el criminar.

Refirámonos a la familia: las cuales pueden o no ser marginales[1]. Podemos entender que el núcleo domestico de los barrios marginales están en mayor contacto con situaciones que podrían llamar al descarrilamientos de sus hijos (droga por ejemplo). Sin embargo, la precaria situación de muchas de las familias de estos adolescentes están basadas en que existe una constante carencia, y en aquel ambiente la valoración del mundo, desde la privación, se constituye de forma diferente: los códigos son cambiados, las prioridades son diferentes a una familia de clase D o ABC1. Los parámetros desde donde se construye la imagen del mundo se sustentan sobre aquellos pilares, y son compartidos, no solo por su familia, sino que también por sus pares y la comunidad. Ahora bien, esto no implica que se construya un mundo sobre otro, ya que dentro de la marginalidad las contradicciones no se hacen esperar. Y aquello, tiene mucho que ver con las normas estandarizadas y hegemónicas que gobiernan la realidad, inclusive permean la marginalidad, constituyendo un espacio de contradicción, entre el deber y el querer.

Los adolescentes entrevistados, varias veces mencionaron el hecho de “cambiar”. Cambiar por su abuela o por la madre, por la vergüenza de sus padres. Otros en cambio, habían abandonado su hogar a temprana edad porque entre salir a pedir dinero en la calle y llevar una suma constante de dinero al hogar; y quedarse con toda la ganancia y vagar libre por la calle, la libertad de la calle gana.

Por otro lado, tenemos el papel del Estado, el cual no entrega garantías de un futuro a los muchos jóvenes marginales que comenten delitos y se mueven en el límite de lo legal. No existen garantías de un futuro, la escuela no lo es y la protección familiar tampoco lo es. Solamente el Estado se hace presente en las leyes y el financiamiento de programas que disminuyan el fenómeno, sin embargo dicta mucho de acercarse realmente al problema y enfrentarlo desde sus raíces, las cuales se suponen en este trabajo: la desigualdad social que crece dramáticamente, aumentando la brecha entre unos y otros. Otro problema es la fe ciega en la educación, la cual carece de una sólida metodología de enseñanza y sus pilares son tan frágiles como su futuro, por ello, la apuesta hacia un sistema educativo como espacio neutro para la juventud, donde se logre una real integración social por medio de la educación, parece, por decir lo menos, utópico siempre y cuando las raíces de los problemas no se solucionen. Cuando suceda todo lo contrario, se podría apostar a una herramienta verdadera para otorgarle a los muchos adolescentes y adultos que no ven futuro ni porvenir en una sociedad donde la movilidad social esta reducida y el capitalismo, cada vez más severo, deja poco espacio para los sectores marginales.

Los procesos de marginación parecen no detenerse, y las políticas aplicadas a ello poseen fallas estructurales: “En toda sociedad encontraremos, en un determinado momento, una serie de valores hegemónicos y, en correlación con ellos, un conjunto de normas, implícitas o explicitas, producto de los diferentes conflictos y de los mecanismos socioculturales de superación de los mismos que la sociedad se ha ido dando a lo largos de su historia, para regular tanto su relación con el medio, como las relaciones entre los humanos” (Romani, Oriol, 1996:306)

Desde la antropología la juventud tiene a ser abarcada como tribu urbana, y mucho de los jóvenes entrevistados entran dentro de comunidades de pares que se asemejan, comparten y se protegen entre si, poseen identidad como grupo y se cohesionan. La reinserción social pretende que se apoyen es sus pares, lo cual es una contradicción, en el sentido que son sus pares y su entorno social matriz de su visión de vida, o al menos comparte un estilo de vida similar, una identidad delictual, que si no existen las garantías necesarias para pensar un futuro mejor, ni la familia mejorará, ni la comunidad experimentara una visión menos hegemónica sobre estos jóvenes que caen detenidos, y finalmente sus amistades parecen cerrar el mismo circulo vicioso del cual ellos son frutos.

Por otro lado, los gendarmes poseen una visión pesimista sobre las posibilidades de rehabilitación. Sus preocupaciones para con ellos son en primera instancia que no crucen la línea de fuego, ya que se verían obligados a disparar y aquello conlleva a un sumario. De las oportunidades que poseen los jóvenes es poca la esperanza para ellos, finalmente, los ven como semillas del mal, y continuadores de, a veces, tradiciones familiares, por ello, no existe manera de asegurar que cuando salgan del CIP vuelvan a la norma.

Los coordinadores no son la excepción. Se encariñan con los niños y muchas veces terminan siendo como padres, sin embargo, son pocas las posibilidades que ven ellos de reinsertarse en la sociedad como sujetos que se muevan ya no en la marginalidad ni en los bordes del sistema. Al parecer, si los jóvenes tienen mucha fe cristiana, el evangelio parece ser una poderosa forma de volverlos a la norma. Mas allá de la educación formal o de un oficio, la religión les entrega una nueva configuración de sentido sobre la vida, despojándolos de los nuevos valores para insertarlos en un mundo con nuevas significaciones y con redes sociales nuevas, esto funciona solo si tienen fe.

III.

A modo de reflexión final, es posible decir que el sistema social en el cual estamos insertos produce incertidumbre, pobreza y desigualdad; algo así como la ley del más fuerte. Y la supervivencia dentro del sistema tiene mucha relación con la capacidad de movilidad dentro de él y de adquisición de elementos que permitan la reproducción biológica y social, ello debe conseguirse de cualquier forma. Además, los seres humanos valoramos y significamos el entorno con las vivencias diarias y el choque con el mundo de la vida. En las entrevistas realizadas a los adolescentes, y trabajadores debelan que la complejidad de los fenómenos esta sujeta a las manera en como decidamos observar la acción. Podemos ver la delincuencia como jóvenes desadaptados o como determinados por una psicología específica; o una carencia material. Podría ser todo ello, o ninguna de las causas. Incluso, para complejizar de mayor manera, no necesariamente podríamos comprender en fenómeno de manera causal, sino un punto en el mapa donde confluyen los problemas, dinámicas y dilemas del mundo moderno, sobre el cual solo podemos decir finalmente, que esta constituido de otros micro problemas, y que después de todo, la realidad es recursiva, y gira sobre si misma, así las cosas, solo nos acercamos por los lados y aquellas soluciones planteadas en cuanto a la reinserción de los jóvenes, dicta mucho de un análisis acabado sobre el mundo contemporáneo y lo que es la juventud.

Referencias Bibliográficas.

Beck, Ulrich (2007) Vivir en la sociedad de riesgo. Documentos CIDOB. Serie dinámicas culturales N° 8. Barcelona.

Feixa, Carles (2000) Antropología de las Edades. En: Prat & Martínez (Ed) (2000): Ensayos de antropología cultural. Ariel Antropología. Barcelona

Romaní, Oriol (2000) Antropología de la marginación. Una cierta incertidumbre. En: Prat & Martínez (Ed) (2000): Ensayos de antropología cultural. Ariel antropología. Barcelona.

Taylor, S.J. Bogdan. (1999): Introducción a los Métodos Cualitativos de investigación. Editorial Paidós, Barcelona

Web grafía.

Del Gatto, Delia (2005). Efectos de los programas del SENAME en la integración de los niños y niñas. En:

http://www.sename.cl/SenameWebNeo/Controls/Neochannels/Neo_CH6193/deploy/Efectos_prog_Sename.pdf. Revisado el 01 de noviembre de 2007



[1] En el caso que no lo sea el análisis es diferente, ciñéndome a los datos obtenidos en el CIP, solo se hará referencia a familias marginales.