martes, 19 de diciembre de 2006

Los Diaguitas, Estudio y resignificación de una Cultura

Dagoberto Ramírez

Una de las charlas más entretenidas fue la que presenciamos de parte de Raúl Molina, geógrafo de profesión, amante de la etnografía, y candidato a doctorado en antropología.

La cantidad de datos históricos recopilados por su proyecto sobre el Huasco Altino, lo hacían ver como un especialista de la etnohistoria en esa zona, confrontando duramente a la tradición arqueológica de Chile, los cuales no podían aceptar la resurrección de una etnia que sólo era conocida a través de las técnicas y metodologías arqueológicas aplicadas a la cultura material, considerada como Diaguita.

Según relato de Raúl Molina, en 1813 en el Valle central quedaban 103 pueblos de indios. En 1823 Freire ordena rematar y dividir los rublos de indios y sacarlos de sus tierras. El único sector que no se ve intervenido, producto de su aislamiento, fue el Huasco Altino. El 1903, van todas las familias del Huasco Altino a inscribir sus tierras, y se ponen como nombre. Estancia de Huasco Altino, se inscriben 397 hectáreas a su nombre. Ya en 1842, Domeyko escribe que en huasco habitaba un pueblo de origen prehispánico. Por otro lado, Latchan en 1923 afirma que hay demasiada evidencia arqueológica, lingüística, y genealógica, definiendo a la población del norte chico como Diaguitas.

La suficiente evidencia lleva al gobierno este mismo año, a resignificar la cultura Diaguita, como una cultura viva.

Lo interesante de todo lo anterior radica en la soberanía de la razón científica, por cuanto da legitimidad de existencia o no existencia de una etnia. Ante esto hay un hecho nacional. Por cierto los sucesos vividos últimamente en la octava y novena región nos hacen reflexionar sobre el papel de la ciencia en función de los intereses supranacionales. Es muy común entre historiadores y antropólogos, echar mano de las fuentes históricas para denunciar el genocidio cultural, económico y humano que significó la instalación del Estado nación cuando avanzan las tropas militares a fines de siglo XIX. Hablamos de la mal llamada pacificación de la Araucanía, hito vergonzante de nuestra historia nacional. Pues bien, la paradoja de nuestros días es que en la actualidad se ha vuelto a militarizar la zona de la Araucanía, llevando a juicios a cientos de mapuches por amenazas o actos terroristas contra particulares y forestales. Por su parte, creo, el Estado ha embarcado a la empresa forestal a la gran demanda de celulosa producto de los tratados de libre comercio con países orientales. Esto hace que la presión sobre los predios se aún mayor, y se debe despejar de cualquier forma todo tipo de insurrección que haga poner en crisis el bienestar económico de las grandes forestales.

Tal vez lo expuesto por Raúl Molina, sea a estas alturas un mero justificativo para detallar este asunto, porque mientras teníamos a una presidenta bailando a ritmo de la cultura Diaguita en la celebración del Palacio de Moneda el día que se concede vida plena a la cultura Diaguita, la realidad del sur de Chile nos espanta.

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