Felipe Hernandez
Tras concurrir al segundo Encuentro Nacional de Estudiantes de Antropología y Arqueología (ENEAA), realizado en noviembre, en Valparaíso, me surgen una serie de cuestionamientos en torno al rumbo de la antropología en Chile, tras haber compartido con estudiantes de otras universidades, su visión de la antropología, el tipo de formación recibida, las críticas a ésta y la visión de futuro en cuanto al camino por recorrer de la antropología.
La formación antropológica en Chile, muestra una serie de matices, cada uno representado, en cierta forma, por las directrices que han tomado las diferentes escuelas, haciendo que se produzca una heterogeneidad en cuanto a enfoques teóricos dentro de la misma disciplina (hecho que me pareció que si se llegara a aprovechar, entregaría una riqueza al desarrollo de la disciplina).
Se puede decir que en Chile se ha establecido una suerte de categorías en cuanto a las escuelas que existen, estando en primer lugar
La reflexión final que me quedo de este encuentro fue de que la antropología en Chile está construida en forma vertical por ciertos grupos de elites que se han apoderado de la palabra antropológica, entregando su verdad como la única válida, por lo que lo único que queda es hacer antropología desde la periferia, sin pretensiones de apariencia en la elite intelectual, si no que enfocada a ser realmente una herramienta para la resolución de las problemáticas sociales que el sistema produce y reproduce.
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