miércoles, 20 de diciembre de 2006

La revolución de los secundarios;un conflicto aún en suspenso…

Alejandro Herrera Villagra
Introducción

El presente texto está enfocado en la descripción de la actual coyuntura política-educativa, en la cual los estudiantes secundarios continúan con sus emblemáticas movilizaciones por el mejoramiento de la calidad y la equidad de la educación (que comenzaron durante los meses de Mayo y Junio del presente año), lo que fue llamado en su momento, “la revolución de los pingüinos”. En aquellas largas movilizaciones, memorables por la envergadura y por la madurez cívica proyectada por el estudiantado e indudablemente por la metodología de trabajo y de organización, incluyendo el uso de tecnologías de comunicación, se demostró ampliamente que nuestro país aún no ha avanzado realmente a una situación de democracia real en circunstancias de que nuestro modelo educativo institucional está afectado desde hace muchos años por las políticas que en esta materia llevó a cabo la administración dictatorial de la FF. AA., y de la derecha política. En particular, la LOCE, la municipalización, la deuda histórica a los profesores, la falta de infraestructura adecuada en los establecimientos educacionales, y, en fin, la ausencia de una inversión estatal que permita subsanar los graves atrasos que este importante sector de nuestro país ha experimentado.
Como sabemos, esta mañana fueron desalojados los alumnos que estaban en toma, entre ellos, el Liceo José Victorino Lastarria, el Liceo de Aplicación y el Liceo Manuel Barros Borgoña. Los alumnos involucrados en la toma fueron sancionados con suspensión de clases y retiro de la matrícula. Del mismo modo, ningún colegio de la comuna (en el caso de los alumnos del Lastarria) podrá recibirlos. Apenas se les permitirá terminar sus exámenes. Tal “novedosa” práctica represiva se debe a la creatividad de un personaje vinculado a la dictadura militar, el ex-coronel Cristián Labbé, actual alcalde de la comuna de Providencia.
Tal es el marco en el que este pequeño texto-crónica pretende realizar una somera descripción de lo que ha sido denominado “la gran revolución pingüina”, en que los estudiantes secundarios han mostrado no sólo una gran madurez y valentía, sino que nos han enrostrado las dificultades y limitantes de nuestro modelo democrático, y de la falta de decisión que hemos exhibido nosotros los adultos al mantenernos pasivos e inactivos.
Desarrollo
En primer lugar, la visualización del documental revisado en clases (“Actores Secundarios”) tiene, por lo menos, tres grandes reflexiones importantes que nos ayudan a comprender más empáticamente la fuerza, la voluntad y el “programa” que implicaría la organización de jóvenes en torno a ideas, anhelos y deseos, de lo que éstos suponen una visión política praxeológica, digamos, de mejoramiento de la educación nacional, no sólo como acto social orgánico-cognitivo de macro-envergadura (la atención a nivel nacional), sino como un acto ciudadano: “cultural”, en un sentido lato y corriente, es decir, en el sentido del patrimonio o capital humano de un país que cruza un umbral relacionado con el progreso y desarrollo tecnológico y científico, económico y político, espiritual y material.
Estas tres preguntas que guían nuestro texto, básicamente tienen relación con los siguientes aspectos del fenómeno y de la crisis experienciada por todo el país: en primer lugar ¿una ley como la LOCE permite enfrentar jurídica y políticamente nuevos procesos históricos vinculados al cambio generacional? Suplementariamente, también nos preguntamos por su propia legitimidad política dado su origen arbitrario y autoritario, que denota evidentemente segregación y desigualdad social entre las generaciones jóvenes de distintas clases sociales. Este problema en sí mismo permite un gran análisis pero no nos extenderemos en ello, sólo dejaremos instalado el acto reflexivo.
En segundo lugar, nos preguntamos por las fórmulas del sistema democrático (su capacidad resolutiva y ordenadora) para enfrentar una situación que no ha sido creada desde la crítica juvenil, sino que tiene sus antecedentes y características en la acción del estado (y de la ideología de su administración), y especialmente en la personalidad de los gobiernos de turno. En ese sentido, nos cuestionamos ¿cuáles serán los mecanismos que el estado y el gobierno pondrán en funcionamiento para corregir adecuadamente una realidad insuficiente, mediocre, (y más angustioso aún) que fomenta y eterniza la desigualdad social, y de qué formas los recursos del estado serán puestos a disposición para la reconstrucción de un sistema educativo casi destruido y que, en definitiva, será el que renovará al Chile de mañana? Es decir, le preguntamos a la sociedad cuál es el modelo de cultura educativa que se quisiera dar a sí misma para enfrentar los desafíos del futuro del país.
Finalmente, es imposible desarrollar un pensamiento social y cultural sin ser parte constituyente de la realidad que abordamos como agentes activos al interior de las Ciencias Sociales (ya no es posible pensar en los paréntesis [las “suspensiones del juicio” y de “la subjetividad”] y la neutralidad husserlianas). Como antropólogos, particularmente, precisamos de actuaciones concretas, creativas y críticas. En ese sentido es válido y urgente preguntarse muy francamente ¿cuál es nuestro aporte analítico o científico-social a la resolución de problemas en “tiempo real” que vuelven crecientemente más complejas y tensas las relaciones político-sociales al interior de nuestra sociedad? Especialmente, pienso que el debate por la educación del futuro nos atañe directamente y no debemos estar ausentes de una discusión nacional tan importante y que seguramente marcará los destinos del país en las siguientes décadas, a pocos años del mentado Bicentenario.

1 comentario:

Danilo dijo...

Estimado Alejandro:

Creo que haces presente un tema que refleja múltiples dimensiones de nuestra sociedad compleja y cansada de las desigualdades sociales que ha profundizado una constitución de facto. Coinsideras el elemento político (fundamental) como el campo donde se disputa la educación tal como lo diría Bourdieu. No obstante, si hemos de ser como antropólogos un referente reflexivo y consultivo en esta materias, creo que la comprensión necesaria para la educación debería ser desde un punto de vista cultural.La experiencia en este país nos indica que por más que se realicen reformas, comisiones, etc., lo que ocurre implícitamente es una cuestión cultural, tanto dentro del aula,. fuera de ella, en la macro política, como en la práctica pedagógica. Operan curriculos ocultos; la educación no es capaz de transformar las grandes diferencias que traen los niños desde su entorno; las clases con normalidad dentro de un aula terminan impartiéndose para aquellos niños que realmente valen la pena; la educación es campo de batalla que se pelea desde posiciones ideológicas, etc. Entonces, podríamos considerar que lo que se necesita es una transformación general en todos los actores que intervienen en la educación. Sin embargo, considero que es necesaria, como antecedentes, identificar los origenes de tanta desigualdad, como tú lo haces.