martes, 19 de diciembre de 2006

Los Actores Secundarios de los Ochenta vs. Los nuevos actores

Dagoberto Ramirez

La memoria de los antiguos actores secundarios que en plena década de los ochenta se hicieron cargo de la represión militar vivida en las poblaciones, compilada en un documental que lleva por nombre: Actores secundarios, es un exquisito material para un análisis político, que abre la puerta para entrar a debatir el acuerdo nacional que dio paso a la democracia el año ochenta y nueve.

Adolescentes del ayer, hoy canosos, barbones, mayoría de ellos fuera del sistema burocrático de la repartición administrativa de la Concertación, nos sumerge en la amargura de haberse creído actores protagónicos de la lucha política. Sin embargo, desde la perspectiva del tiempo, hoy se comprende que simplemente fueron funcionales o instrumentales a la elite política arrepentida que retornaba al país para, una vez más, administrar el sueño y la ilusión de millones de chilenos.

Desde un punto de vista etario, los actores políticos que vivieron el golpe militar, en su mayoría de eran jóvenes políticos, otros universitarios apasionados, que para el año ochenta y cinco sobrepasaban los cuarenta años, elemento importante para identificar a los verdaderos actores. Pero aparecen estos escolares rememorando a los íconos de la Unidad Popular, íconos de revoluciones socialistas, íconos que salían de los colegios emblemáticos de Santiago, a marchar a las calles, que en su esencia representaban el sentimiento y la pertenencia de muchas poblaciones altamente reprimidas por las fuerzas militares. Pero llegaba el día en que se estaba gestando el acuerdo nacional para retornar a la democracia. Era necesario, por muchos motivos, que Pinochet entregara el poder, porque en última instancia, si Chile quería expansión económica, tenía que cambiar la mala imagen sobre los derechos humanos que venía arrastrando. Presión financiera, presión internacional, sea como sea Chile debía legitimar un proceso democrático al que el mismo Pinochet asiste para perpetuar el poder.

Este acuerdo nacional, es decir, el acercamiento político que buscaría establecer un pacto entre la derecha política y los partidos de la antigua izquierda, para retornar a una democracia, alejaron o mejor dicho, descabezaron a la fuerza y sociedad civil (sindicatos, juntas de vecinos, agrupaciones sociales, etc.). No era posible permitir que en este acuerdo nacional se volvieran a enarbolar los antiguos símbolos. Pero sí se utilizaron hasta el día de las elecciones. La clase política que retornaba llegaba ya había vivido su karma en el exilio, de alguna forma se sentían responsables de las pasiones que llevaron al derrumbe en el año setenta y tres, antes esto, la única explicación, en estos día, del por qué la sociedad civil en este país ya no existe en participación real, tiene su consecuencia en el arrepentimiento de la clase política que “firmó el acuerdo nacional”, donde era impensable dejar que en democracia el antiguo pueblo siguiera comulgando con ideas, que para ellos, no sirvieron.

La mayoría de los antiguos actores secundarios entrevistados en el documental, confiesan su decepción, su amargura; la mayoría de ellos jamás llegó al Gobierno, ni a ninguna administración pública. Es más, sienten que ellos seguían pensando en la lucha social, cuando la clase política había pensado que aquellos ideales no servirían para construir un nuevo Chile.

Pero por mucho tiempo se nos dijo que en democracia los jóvenes y adolescentes “no estaba ni ahí”. Sin embargo vino el movimiento de los pingüinos, logrando desafiar organizadamente al Estado.

La comparación entre estos dos movimientos es muy diferenciada. Los nuevos movimientos escolares del 2006, se presentaron desde y solo su propia causa: equidad escolar, mejora en la calidad estudiantil, cuestionamiento a la LOCE, y un descarado diagnóstico a la forma de hacer política nacional.

En más de alguna ocasión estos actores, los de la revolución pingüino, dejaron en claro que si este fenómeno estaba haciendo resucitar las luchas de la sociedad civil en su conjunto (sindicatos, sociedad civil no organizada, etc.), sería misión de cada actor dar su propia lucha. Marcaron distancia con el resto de la sociedad, al parecer, la historia de los antiguos movimientos escolares no tenía nada que ver con estos secundarios que se comprometían sólo con su causa.

Característica de una nueva generación, ajena y distante de la forma clásica de hacer política, pusieron en jaque al gobierno. No obstante, vimos cómo nuevamente el manejo de crisis política que realizó la Moneda, terminó por enfrascar el movimiento a las comisiones de estudio donde los actores se fueron diluyendo, fracturando, y dividiendo.

Recuerdo que el sentimiento de muchos antiguos activistas sociales hacia los pingüinos, era una verdadera alegría puesto que en Chile hace bastante tiempo no se paralizaba el país por algo justo. Recuerdo haber visto en las noticias a jóvenes escolares de los colegios más periféricos de Santiago. Fue una imagen conmovedora, y tristemente real. Aquellos jóvenes jamás tendrían la oportunidad de llegar a estudios superiores, pero se hicieron parte de la lucha, llenos de ilusión, mientras los siempre emblemáticos colegios de Santiago, aquellos que históricamente han llegado a la enseñanza superior, buscaban PSU gratuita, pase escolar con horario de extensión, y otras mejoras, intereses pertinentes a los que saben que tienen las herramientas para llegar un poco más allá.

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