Felipe Hernández P.
Con motivo de la conmemoración de los 33 años de la muerte de Salvador Allende, de la caída de un modelo democrático socialista y el inicio de una dictadura fascista el 11 de septiembre de 1973, se convocó, desde sectores políticos y sociales, a la tradicional marcha que parte en la Plaza Los Héroes, pasando por la calle Morandé y que finaliza en el Cementerio General con un acto en el memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos, para el día domingo 10 de septiembre.
La marcha como es de costumbre reunió a miles de personas representantes de diversos sectores de la sociedad civil, quienes a través de esta instancia salen a la calle para de alguna forma manifestar, desde diversas perspectivas, su sentir y reflexionar en referencia a esta fecha de amplia significancia en la historia de Chile. Las personas que participan en la marcha pertenecen a variados grupos de la sociedad civil, tales como: asociaciones indígenas, partidos políticos de izquierda, colectivos musicales y de teatro, minorías sexuales, colectivos anarquistas y revolucionarios, además de otras que van con otro tipo de motivación.
Por el número de personas que esta marcha convoca, desde la Intendencia Metropolitana, se dispone un amplio operativo de seguridad, con el fin de resguardar la integridad tanto de las personas que participan en la marcha como de las que no. Este operativo consiste en acompañar la marcha con un alto contingente policial principalmente de fuerzas especiales (dotados de escudos, cascos y todo tipo de protectores), con sus respectivos vehículos (micros, carros lanza agua y lanza gases), dispuesto a contener cualquier acto de desorden que se produzca en el trayecto de la marcha.
En este tipo de actividades, donde se congrega una gran cantidad de personas manifestándose políticamente, los incidentes son frecuentes, y para el caso de esta marcha no fue la excepción, ya que a poco avanzar ciertos grupos destrozaban locales de comida rápida y se enfrentaban a la policía. Estos actos son cometidos principalmente por grupos de jóvenes que se adhieren a ideologías punks, anarquistas y revolucionarias, quienes ven en el sistema económico y en el rol del estado la causa de todas las problemáticas sociales, y como una forma de reaccionar frente a esto ven la vía del destrozo de inmobiliario público y de grandes empresas una forma legítima de manifestarse. Por otra parte se encuentran los grupos de izquierda quienes ven esta instancia como una instancia de reflexión, despreciando los actos violentos.
En este contexto se pudo observar una atmósfera violenta en el desarrollo de la marcha, la cual era provocada por una parte por estos grupos subversivos y por otra por la presión que ejercía Carabineros con el fin de desarticular los grupos que armaban los disturbios, en definitiva era un ir y venir de provocaciones, las cuales afectaban a la gran mayoría de la gente que participaba en la marcha, ya que terminaban enfrentamientos cruzados entre ambos bandos.
Este fue el clima general de la marcha, que incluso se extendió más allá de finalizada está en el interior del Cementerio General, entre tumbas y flores.
El nivel de violencia observado el día 10 de septiembre en Santiago, representa, desde mi punto de vista dos aspectos de la sociedad chilena, por un lado se observa la violencia con que el Estado impone su poder coercitivo a través de la fuerza pública (y sus gases, su agua a presión y sus palos y escudos) y por otro lado se ve representado el descontento de parte de ciertos grupos sociales que repudian el sendero que ha tomado la sociedad en general, manifestandose de igual forma violenta que el Estado, pero a través de acciones destructivas, como por ejemplo el destrozo de locales de comida rápida o el lanzamiento de una bomba incendiaria al palacio de gobierno.
Yo considero que desde hace un tiempo a esta parte, la conmemoración del 11 de septiembre de 1973, desde algunos sectores sigue siendo una instancia de reflexión en torno a los hechos ocurridos desde esa fecha y durante toda la época de dictadura, pero sin embargo, por parte de otros sectores de la sociedad, de pensamiento más radical, esta fecha simboliza la oportunidad de salir a la calle a protestar y manifestarse en contra del sistema actual, a través de la violencia como medio válido de expresión frente a la descontento general
1 comentario:
Estimado Felipe:
A partir del título de tu reflexión invitas al lector a sacar una conclusión personal. Sin embargo, lo de ira contenido más bien sería como una ira desatada producto de la represión vivida por este modelo político, económico y social.
Bueno, realizas una muy buena descripción de los diferentes factores que inciden en la conmemoración del 11 de septiembre de cada año, con algunos nuevos elementos en escena, como es el caso de los jóvenes punkis y anarquistas.
Sin embargo cuando concluyes colocas un elemento central para comprender este fenómeno: la violencia. El origend e esa violencia, las manifestaciones de esa violencia, los dereivados de la violencia nos pueden dar señales de que esta sociedad se ha quedado sin rituales sociales para reestablcer la anormalidad social, o tal vez esta fecha se ha transformado en un ritual para algunos sectores. No obstante, si el ritual tiene como objeto cultural hacer del caos que anda rondando un espacio simbólico donde la sociedad se hace cargo de los desequilibrios provocado por el sistema social, la reflexión que es oportuna es la siguiente: ¿Será que las instituciones que históricamente se han hecho cargo del caos, llevando la ira a un espacio ritual para el reestablcimiento de los grupos a la normalidad, hoy ya no funcionan?
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