martes, 19 de diciembre de 2006

Kontrapunto: La Canción no oficial

Dagoberto Ramirez

El material audiovisual realizado por Paulo Flores (audiovisualista), y Nicolás Cornejo (egresado de antropología social), nos muestra el lado íntimo y deseoso de cuatro bandas autofinanciadas que deciden liberar el arte de la maquinaria, sospechosamente mafiosa, de los sellos musicales del país.

La mirada de los documentalistas encierra la rebeldía, la impotencia, el diagnóstico no oficial de una realidad chilena juvenil que denuncia a través de la música el malestar de nuestra sociedad. Algunas bandas sienten que cuando cantan sus letras es como si estuvieran gritándole en la cara a los dueños del capital económico y financiero de este país abismantemente desigual, todas sus injusticias.

Las imágenes de un grupo de jóvenes autogestionándose los medios de traslado, los recursos para solventar los gastos de sus producciones musicales, tal como el circo de chamorro, haciéndolas todas, nos evidencia la fidelidad a un sueño, a una posición política y social. Los contenidos de sus letras son denuncia, son una semilla que ellos esperan germinar en las conciencias de sus espectadores.

La campaña “no mates la música”, liderada por rostros de “prestigio musical”, no son más que el rostro que oculta a los grandes intereses de las empresas discográficas. No es casual que en nuestras emisoras nacionales se instalen los gustos y tendencias musicales de una forma fantasmagórica. No es gratuito aquello de que en nuestras emisoras nacionales, la canción romántica, el canto al amor sufriente, siga rankiando preferencias. Nada de eso es gratuito, el derecho a denunciar el descontento social no tiene cabida en las emisoras nacionales.

Las tendencias que ha dictado la política económica de nuestro país han permitido la extensión de un capitalismo mundialmente integrado. La tesis principal de Guatari en su artículo “El ser unidimensional”, manifiesta las características del CMI, donde describe que en definitiva el Capitalismo ya ha conquistado el planeta; el capitalismo ha sobrepasado todas las fronteras, instalándose en culturas y sociedad impensadas, de este modo, camina asimilando todas las formas y modos de producción, sean estas tradicionales, industriales o financieras. Y si ya ha conquistado el planeta, ahora su nueva marcha es conquistar la subjetividad del sujeto. Todo está atrapado por el capitalismo: deporte, cultura, actividades domésticas, etc. De esta forma este capitalismo ya no se limita a las esferas de las industrias o de una producción determinada. Claro, el capitalismo ya clausuró su característica colonial de expansión, ahora le quedó reinventarse a sí mismo para atrapar la subjetividad de las personas, colectivos, clases sociales, todos los espacios de poder. El capitalismo ya no opera desde un centro localizado, su engranaje está presente en todo el planeta, buscando países que democráticamente le convengan, y también donde las dictaduras le aseguren su capital. Este capitalismo toma el rostro de la cultura haciéndose presente en todas partes, a tal punto que es difícil aprehender, localizar, y atacar a los poderes financieros.

Lo más grave es que muchas luchas sociales, económicas, y políticas ya fueron atrapadas por el capitalismo. Según Guatari todas esas luchas se ven impedidas de liberar al hombre de la servidumbre del capitalismo. Qué posibilidad le queda al hombre, como algo único, intransable. La revolución molecular, pero vista como el deseo, deseo que de alguna forma al individuo le permita libertad. He aquí, muchos se están articulando en pos de aquellas libertades, grietas dejadas por el capitalismo, donde la sensibilidad del hombre puede volver aflorar, en el deseo, tal como los que realmente no están “matando la música”, como muestra el video Kontrapunto.

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