Romina Venegas y Sofia Hernandez
RESUMEN La aprobación de la nueva ley de responsabilidad penal juvenil, tenía dentro de sus bases el debate existente en distintos sectores de la sociedad respecto del discernimiento a la hora de cometer un delito. El alarmante incremento - 398% en menos de 10 años- de la participación de jóvenes menores de 18 años en delitos de carácter grave, a lo menos genera cuestionamientos acerca del sistema social, judicial y familiar del que somos parte como sociedad. En virtud de lo antes expuesto, esta investigación se concentró en uno de los temas considerados como centrales en esta problemática, referido a la constitución familiar de los jóvenes involucrados en acciones delictivas, destacando el tipo de vínculo y las figuras significativas existentes en el mundo adolescente, en el sentido de que la familia sigue considerándose como una institución primaria, de trascendental importancia en la formación identitaria de sus integrantes. Por lo tanto, el objetivo general de este estudio se basó en describir las dinámicas de interacción entre los jóvenes y sus familias, mientras que los objetivos específicos intentaron identificar la constitución familiar de los jóvenes entrevistados para así finalmente explorar el tipo de relación que poseen los jóvenes recluidos en el CIP con su grupo familiar.
I
Las dinámicas de interacción establecidas entre el grupo investigado son poco visibles y con límites difusos, dada la alta permanencia de los jóvenes fuera del hogar con su grupo de pares, este hecho determinará el que las significaciones que le dan sentido a su mundo estarán marcadas por la influencia que ejerza el grupo adolescente, ya que serán éstos y no la familia en cuestión, quienes responderán de forma satisfactoria e inmediata a las necesidades de estos jóvenes. A través de esta perspectiva, su biografía es construida en la calle, desde una posición marginal a la sociedad, ya que, en su mayoría, abandonan la educación formal a muy temprana edad, dejándoles mucho tiempo libre, expuestos a las libres influencias que el medio social más inmediato les brinda, dejando fuera a los adultos, quienes muchas veces se encuentran ausentes por motivos de trabajo, de problemáticas familiares que resultan dolorosas para los jóvenes, tales como violencia intrafamiliar, uso de drogas y alcohol, separación de los padres, entre otros. Al transformarse la calle en su hogar, el proceso de socialización es traspasado desde la familia hacia los pares, quienes asumen la labor de lograr el desenvolvimiento de los aspectos sociales, asumir pautas de conducta y conservar los valores compartidos con los miembros del grupo en cuestión. Así entonces, las actividades desarrolladas comienzan a establecerse desde una perspectiva grupal, en donde, muchas veces, los jóvenes de mayor edad y experiencia, se dedican a incluir en el mundo de la delincuencia a los más pequeños. En muchos casos, según algunas de las experiencias que pudimos conocer, son los mismos hermanos mayores quienes se encargan, directa o indirectamente, de instruir a sus hermanos menores en este tipo de prácticas, como es el caso de L.E de 16 años, proveniente de la población Parinacota de la comuna de Quilicura, quien nos narró la historia de su hermano mayor, quien hace un par de años atrás murió de un balazo en una pelea llevada a cabo con un grupo de narcotraficantes de su población, teniendo 20 años de edad. Para L.E, esta situación ha sido muy dolorosa, notando que sus ojos se llenaban de lágrimas al momento de hablarnos de este tema, destacando que mediante la observación que él hacía de las acciones que su hermano realizaba, fue conociendo el mundo del robo, de los asaltos y del uso de armas. Cuando su madre, quien trabajaba como manipuladora de alimentos hasta que enfermó gravemente, notó que su hijo menor (L.E) estaba dedicándose a este tipo de prácticas lo increpó, diciéndole: “seguiste los mismo pasos de tu hermano”, según nos contara L.E, en la actualidad ella se encuentra hospitalizada por una enfermedad renal, por lo que al momento de caer detenido en el centro, solo se encontraba viviendo con su abuela materna y su polola, quien está embarazada. Del mismo modo, nos señala que: “me llevaba mejor con mi hermano, le contaba mis cosas, ahora soy yo el de la casa” (Com. Pers, octubre de 2007), refiriéndose a que es el único hombre. Sin embargo, avanzada la entrevista, después de que le preguntáramos por quienes componían su grupo familiar, nombró a su padrastro, ubicándolo fuera de su familia, pues no vive con ellos, sino que en un departamento rente al suyo, a quien, además, ocasionalmente, acompaña a vender a la feria de frutas y verduras de la comuna de Maipú, afirmando que: “Con mi tío se gana entre 180 y 200, gasto 100 y 80 a la libreta”. L.E, posee una libreta de ahorros en el banco, con el dinero que obtenía en cada asalto, una parte la destinaba a sus ahorros. En este momento se muestra orgullos de haber hecho esto, pues en unos pocos meses será papá y con ese dinero pretende costear los gastos que se avecinan. Para L.E, siempre fue importante repartir su dinero, distribuyéndolo entre la familia de su polola y la propia, señalando que: “mi mami nunca me aceptó la plata, me preguntaba de dónde la sacaba y yo le decía que de por ahí” (Com. Pers, octubre de 2007). Del mismo modo, a su polola no le cuenta de sus andanzas, pues considera que: “mi polola es de casa, es tranquila” (Com. Pers, octubre de 2007), no queriendo involucrarla en los hechos que él cometía, quizás por lo mismo confiaba más en su hermano, pues compartían una cierta situación común, de algún modo una forma de concebir el mundo desde su práctica, desde la forma en que legitiman las estrategias para obtener dinero. Cabe destacar que este joven, ingresó al centro por haber robado una camioneta repartidora de cecinas, usando un arma de fuego apuntó al chofer de la camioneta, exigiéndole que le diera las llaves. Luego L.E, deambuló por las calles del sector norte de Santiago, vendiendo algunos productos y regalando otros entre los habitantes de su población en Quilicura, hasta que los carabineros lo detuvieron en la misma entrada de su población. De algún modo, pareciera que el grupo familiar no parece inmiscuirse en las actividades realizadas fuera del hogar, pasando a ser tibios los llamados de atención que aluden a lo moral, y como consecuencia de aquello sin efecto visible. Este aspecto no deja de ser menor si se considera que está en manos de la familia el proceso de transmisión de mecanismos, creencias y formas de concebir la vida y el mundo. El rol antes señalado ha sido abandonado por esta institución no por gusto, sino que por las extensas horas de trabajo que les impide estar presentes en sus hogares. Esta situación responde claramente al modelo social, económico y cultural en el que estamos inmersos, el que le otorga una gran valoración al éxito y acumulación económica, predominando el individualismo como forma de acceder a un amplio conjunto de bienes, tanto materiales como simbólicos, generando una crisis en la familia entendida tradicionalmente, en el sentido de que la cercanía cotidiana durante la época de crianza, cada vez resulta menor, ya que muchas veces se contrapone con la realidad de estas familias. Al respecto, otras instituciones o espacios sociales cobran relevancia en la vida de los jóvenes, como sería el caso de la escuela, el grupo de pares y por supuesto, más en este caso puntual, el mundo de la calle. Respecto de la constitución familiar, es posible apreciar que no es homogénea, ya que si bien, la gran mayoría vive con sus madres, el resto de los integrantes del grupo familiar es variado, dentro de los que se pueden sumar abuelas, padrastros, hermanas, primos y las mismas parejas de los jóvenes, quienes suelen mudarse a sus casas, una vez que quedan embarazadas. Dentro de los jóvenes que entrevistamos, de un total de seis, dos iban a ser padres prontamente, con edades entre 15 y 16 años. Al respecto, durante las conversaciones, los jóvenes, en general, no hicieron referencia a las condiciones físicas del lugar en donde habitan con su grupo familiar, es decir si el espacio es pequeño o grande, quienes comparten dormitorio, etc. Sin embargo, se refirieron a la población en donde viven, describiéndolas como peligrosas por la alta tasa de violencia ante la conformación de pandillas rivales dependiendo de la población a la que se pertenezca, generando muchas veces, peleas entre bandos contarios, como es el caso de A.D de 16 años, proveniente de Puente Alto, quien señala que: “maté a un cabro, fui a cobrar la mata”, refiriéndose a que un joven mimbro de otro grupo había molestado a su hermana menor, golpeándola en reiteradas ocasiones, por lo que decidió vengarse y en una noche en que se topó con este joven le disparó desde unos metros impactándolo en el pecho, al respecto afirma que: “le disparé y me fui pa Los Angeles […] Gracias a Dios nunca me pillaron” (Com. Pers, septiembre de 2007). En este sentido, los sectores en donde viven estos jóvenes, en su amplia mayoría, se trata de poblaciones compuestas por las llamadas “viviendas sociales”, vinculándose con los sectores más pobres de la sociedad. Es sabido que las realidades habitacionales de esta parte de la sociedad son complejas, en el sentido del hacinamiento, la mala calidad de los materiales de construcción, la escasez de áreas verdes, entre otros problemas identificados, incluso, por sus mismos pobladores. Sin embargo, gran parte de nuestros entrevistados afirmó que se sienten a gusto viviendo en estos lugares, considerando sus redes de amigos, las fiestas a las que asisten, entre otros elementos, de nuestros entrevistados la mayoría posee su domicilio en las comunas tildadas como periféricas, las cuales, a su vez, conllevan en su existencia grandes estigmas sobre el mundo de la droga y la delincuencia, como es el caso de Puente Alto, Quilicura, Pudahuel, Lo Espejo, entre otras. Así las cosas, cuando al preguntarles por sus proyecciones al momento de quedar libres, dejar el centro, ya sea por término del proceso y/o condena, muchos jóvenes nos dijeron que una opción sería desvincularse del ambiente cotidiano que frecuentaban temiendo, de algún modo, que sus antiguas amistades los impulsaran a seguir en los robos y demás prácticas vinculadas al delito. Sin embargo, para muchos, las precarias condiciones económicas se los impide, quedando así la familia enmarcada en un mundo de pobreza, entendida como carencia, referida a la incapacidad de satisfacer un determinado número de necesidades consideradas como universales, o desde un punto de vista de su consumo en lo que se ha llamado “estar debajo de la línea de la pobreza”, situando así a la familia y a sus miembros en una compleja relación con el ambiente socioeconómico que los rodea día a día. En este aspecto, salvo un caso, las familias nucleares, demostraban gran interés en apoyar a los jóvenes en su proceso de reincorporación social, demostrándoles su apoyo en los días de visita. En dicho espacio, los jóvenes se sienten afortunados por poseer a un ser querido que los acompañe en este difícil proceso, más aún, para aquéllos que lo viven por primera vez., incluso en algunos casos, como en el de G.J de 16 años, su padre que había dejado el hogar que compartían junto a sus demás hermanos y su madre, lo visitaba después de que había pasado un largo período sin verlo. Al respecto, resulta importante señalar que los jóvenes, en su mayoría, no provenían de familias vinculadas a prácticas de delincuencia, siendo casi una excepción el caso de C.O, de 17 años, quien afirmaba que el uso de armas blancas y de fuego, resultaba un hábito frecuente en algunos ámbitos de sus dinámicas familiares, pues a veces, tal como señalara: “Nos ponimos a tomar, mi abuela se opone […] después sacan cuchillos, se ponen a pelear, yo ahí me viro mejor”. Este joven, consume pasta base, pudiendo llegar a gastar $500.000 en la compra de esta droga, la que es financiada mediante asaltos frecuentes, a bencineras, farmacias, robos domiciliarios, entre otros, siendo este último el motivo de su detención. C.O ha estado detenido otras tres veces, dice que es difícil cambiar y que no está seguro que quiera hacerlo, comenta lo difícil que es dejar de fumar pasta base, sumado a las influencias que ejerce su grupo de pares. Para C.O, al igual que para A.D, el uso de armas es algo muy necesario para su sobrevivencia dentro de la población, como un método de defensa. Para el mismo A.D, el uso de armas ha sido habitual, desde que a los 11 años su padrino le regaló un revolver. Es por esto, que la reincorporación social que estos jóvenes puedan vivir, se ve mediada por una serie de factores, en donde tanto la influencia de sus pares, así como otras situaciones como la pobreza, la frecuente fragmentación familiar, terminan por dibujar un círculo difícil de deshacer, en donde la familia no siempre posee la capacidad ni la pertinencia para concretar en sus hijos los ideales de una sociedad que se perfila como monotemática, en donde el éxito económico está reinando las diferentes esferas de la sociedad. REFLEXIONES Las relaciones establecidas en este tipo de ambiente terminan por configurar la identidad de estos jóvenes en los bordes de una sociedad hegemónica y monotemática que los excluye explícitamente. Lo antes señalado los lleva a buscar salidas a muy corto plazo, de tal forma que puedan acceder a aquello que no podrían hacerlo con la remuneración de su familia, o con la que ellos mismos podrían obtener teniendo un trabajo tradicional. El tipo de relación establecida entre los jóvenes y sus familias es definida por ellos mismos, como buena y de confianza, parámetro establecido en relación a la permisividad que veían por parte de su grupo familiar hacia su actividad en la calle. Hay que señalar que aquella permisividad a la que se hace referencia, puede corresponder a la falta de argumentos necesarios para impedir que sus hijos continúen vinculándose con la actividad delictual, ya que al estar insertos en un medio que prácticamente los determina, existe, por parte de los padres, una cierta resignación de que hay muchas más alternativas para ellos. Claramente, en las entrevistas, desprendido de los discursos de nuestros interlocutores, se puede afirmar que las relaciones más fuertes son establecidas principalmente con la madre, la que es identificada como mujer trabajadora, que debe sacrificarse por brindar el sustento familiar, cuando el padre está ausente. Sin embargo, como señalamos en el presente informe, existían casos en que durante la reclusión, los padres se habían hecho presentes, prometiéndoles apoyarlos en este transe, todo lo cual hablaría de una suerte de rearticulación familiar emergente, producto de una situación puntual como es hecho de permanecer en un centro de reclusión. En su mayoría, los jóvenes se muestran sensibilizados con el dolor de sus madres al estar ellos recluidos, a lo que algunos responden con un compromiso verbal de que no se volverá a repetir. Otra de las figuras consideradas como significativas en el mundo de estos adolescentes, son sus parejas, quienes son incluidas dentro del grupo familiar, ya que a muy corta edad viven con ellos, en especial cuando están prontos a ser padres. En cuanto a los tipos de valoración que los jóvenes señalaron, respecto a sus parejas/pololas, se vinculaba con el apelativo de “tranquilas” o “niñas de casa”, expresando implícitamente que ellas no se dedicaban a las prácticas de delincuencia como ellos, demostrando, quizás, que su accionar no es algo inocuo. Finalmente, parece interesante señalar, que una de las motivaciones más visibles, percibidas en nuestro trabajo de investigación, se relaciona con aquéllos que pronto se convertirán en padres, quienes lo comentan con orgullo, haciéndose responsables de sus mujeres y sus hijos, prometiendo, en algunos casos, cambiar por el futuro de sus propios hijos. ¿Será en este punto, el hecho de convertirse en padres a temprana edad, un elemento que comience un nuevo tramo en el círculo de la pobreza?, ¿Habrán vivido también sus padres este proceso de transformación cuando iban a nacer sus hijos?, sin duda, las dinámicas familiares suelen repetirse, en un contexto donde las aspiraciones de vida, no suelen ser las de la mayoría. La educación, dada sus características en nuestro país, marcada por una clara segregación social, no suele ser un modelo al cual aspirar entre los jóvenes de las clases más populares, por lo que sus caminos para obtener los mismos ideales, que los demás miembros de la sociedad persiguen, a saber el exitoso económico, es buscado por otras vías, más a corto plazo, que implica atacar a un otro, que por lo general, es otro culturalmente distinto, que ha ocupa un lugar distinto dentro de la sociedad, a veces extremo respecto de la que vive un joven adolescente poblador de las periferias urbanas, económicas, políticas y sociales, entonces ¿por qué seguir hablando de una rehabilitación?...
BIBLIOGRAFÍA
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