viernes, 27 de junio de 2008

El rol del Estado, la familia y la comunidad

Carolina Díaz Araya.

Resumen

En el siguiente trabajo se pretende conocer el o los discursos existentes dentro del CIP sobre la reinserción social de los jóvenes, en cuanto a los discursos sobre sus posibilidades reales de reinserción, teniendo en cuenta la nueva ley penal de responsabilidad adolescente y las distribuciones de responsabilidad que existe entre las diferentes esferas que componen el mundo social: Estado, Familia y comunidad.

Abstract.

In the following work one tries to know or the existing speeches inside the CIP on the social rehabilitation of the young men, as for the speeches on his real possibilities of reinsertion, having in it account the new penal law of teen responsibility and the distributions of responsibility that exists between the different spheres that compose the social world: State, Family and community.

I.

Durante el trabajo de entrevistas, realizado en el Centro de Internación Provisoria (CIP) a los jóvenes detenidos y a los funcionarios: gendarmes y coordinadores, las incógnitas que surgen tienen directa relación con los datos recolectados y lo que se espera de la rehabilitación de los jóvenes del CIP. Así como la visión que poseen los trabajadores del SENAME y de gendarmería. Los niños entrevistados fluctúan entre los 13 y 16 años y se encuentran recluidos cumpliendo con un régimen carcelario cerrado. En el lugar cumplen horarios y realizan diversas actividades con fines recreativos y como parte de un complejo funcionamiento institucional.

No esta demás decir que la ley en su objetivo sobre erradicar la criminalidad y delincuencia ha fracasado rotundamente, no así, en el objetivo más encubierto, el cual parece ser el de establecer un consenso dentro de la población para entender lo que es una conducta criminal; en este sentido, la ley ha logrado con creces aquello. Construyendo subjetivamente, bajo el aparente sentido común de la población, las ideas y valores sobre lo que es “bueno o malo” dentro de lo socialmente aceptado. De esta manera existiría una construcción hegemónica que delimita los bordes de lo legal/ilegal. Y es esta la concepción que se sustenta culturalmente y es traspasada a los individuos, operando como constructora de realidad y sentido, cada vez que nos exponemos a acciones que están en el borde de lo legal, sabemos en que lado estamos.

La privación de libertad, ha sido casi tan antigua como la historia de la humanidad, en cuanto a castigos punitivos para aquellos que se salgan de los marcos de lo legal. El encerrar no es exclusivo de las instituciones carcelarias, también existe ese concepto en los hospitales psiquiátricos y otros, Foucualt ya ha hablado, extensamente, de ello. En el caso del CIP, el encierro es durante un corto periodo, hasta que salga la condena o vuelvan a sus casas, en el intertanto, los niños/jóvenes comienzan una rutina que está apuntada a su integración social, lo cual tiene por objetivo que los internos no vuelvan a reincidir y se mantengan fuera de las drogas.

Todo ello no es nuevo. El antiguo sistema penal tenía cláusulas en la cual se apostaba a la autoridad paterna para el disciplinamiento y hacia una clara diferencia entre actuar con y sin discernimiento. Se actúa con discernimiento desde los 16 a los 18 años, posterior a eso, es responsabilidad penal total. Lo cual termina con la nueva ley, que declara que los mayores de 14 años son imputables; lo cual provoca que una gran cantidad de niños ingresen por delitos menores o graves al sistema judicial, los mismos niños que antes eran entregados a sus padres, ahora son detenidos.

Sobre la reinserción misma, es posible decir que estimula a los jóvenes a responsabilizarse por sus actos y ha comprender que ellos y los demás son sujetos de derecho y deberes, como cualquier persona, por ello no debe pasar a llevar aquellos derechos. La sanción tiene como fin el de ejercer una sanción social, y de esta manera entregar una imagen a los jóvenes sobre la eficacia con el que actúa el sistema. Entregar herramientas para el no se siga delinquiendo, esto implica fomentar las redes personales, familiares y comunitarias. De esta manera, la reinserción se basa en dos pilares: la familia y las redes como apoyo y fomentar una imagen de Estado omnipresente, que vigila y castiga lo ilegal (Del Gatto, 2005)

II.

Para entender de mejor manera como es que algunos jóvenes llegan a centros de internación provisoria, lo más adecuado es referirnos al contexto: la sociedad y la cultura.

Cada día a través de los medios de comunicación se dibuja y consolida la imagen de una juventud que pareciera ser cada vez más violenta, descerebrada y drogadicta. Prejuicios todos ellos amparados bajo el alero de los medios de comunicación. Los y las jóvenes, aquel segmento que la biología y la ley establece entre los 13 y 18 años, pareciesen moverse dentro una sociedad que se muestra hostil o poco tolerante con las nuevas formas de ser, vivir y comunicarse que tienen estos. Brechas generacionales que existen desde siempre, lo estático o tradicional que se ve enfrentado ha revoluciones del lenguaje y comunicación, y es la juventud la que trae, muchas veces, estas nuevas formas de ser y moverse en el mundo. Formas que muchas veces están dentro de un marco legal o establecido, ir contra la norma no es lo que las caracteriza a los movimientos que emergen desde la juventud, la mayoría de ellos son modas que vienen desde afuera y que se adoptan rápidamente en Chile y se modifican bajo los parámetros de la cultura que adopta la nueva moda. Debido a esto, las modas en Chile poseen aspectos que las diferencian de donde nacen, y ello tiene mucho que ver con la manera en como se estratifica la sociedad, los sectores y las clases sociales, todo ello tiene sus raíces en una cultura de capitalismo tardío, muy consumista, de distribución económica desigual; entre otros elementos que caracterizarían la sociedad chilena.

Si bien existe un amplio grupo social que tiene acceso a las nuevas tecnologías, a las modas y tendencias; existe un grupo aun mayor, que no posee el exceso a ellas, sin embargo se mueven dentro del mundo social, desde la marginación, claro está. Para los hijos de la marginalidad, las modas no están vetadas, ni las ansias de consumo, en un mundo de restricciones ellos se las ingenias, así como sus padres, para moverse desde aquella marginalidad. Si bien, esto podría interpretarse como una mirada materialista sobre el fenómeno de la delincuencia ejercida por menores de edad, lo cierto es que no es un punto menor dentro de la complejidad del asunto, y esto porque finalmente lo que se roba (si este es el delito) son artículos que se invierte en estatus (zapatillas, ropa de marca, celulares y otros); para droga y también se transforma en sustento familiar, lo cual vendría a componer el lado simbólico del fenómeno. Funcionalmente, la delincuencia actúa como catalizador del inconformismo y como fuente para saciar necesidades.

Durante el trabajo de entrevistas, realizado en el Centro de Internación Provisoria (CIP), la visión sobre la reinserción, vista esta como el abandono de las prácticas delictuales y que se alejan de la norma, parecen apostar a esferas de la vida social que están inmersas dentro de la misma lógica que sustenta la delincuencia y el criminar.

Refirámonos a la familia: las cuales pueden o no ser marginales[1]. Podemos entender que el núcleo domestico de los barrios marginales están en mayor contacto con situaciones que podrían llamar al descarrilamientos de sus hijos (droga por ejemplo). Sin embargo, la precaria situación de muchas de las familias de estos adolescentes están basadas en que existe una constante carencia, y en aquel ambiente la valoración del mundo, desde la privación, se constituye de forma diferente: los códigos son cambiados, las prioridades son diferentes a una familia de clase D o ABC1. Los parámetros desde donde se construye la imagen del mundo se sustentan sobre aquellos pilares, y son compartidos, no solo por su familia, sino que también por sus pares y la comunidad. Ahora bien, esto no implica que se construya un mundo sobre otro, ya que dentro de la marginalidad las contradicciones no se hacen esperar. Y aquello, tiene mucho que ver con las normas estandarizadas y hegemónicas que gobiernan la realidad, inclusive permean la marginalidad, constituyendo un espacio de contradicción, entre el deber y el querer.

Los adolescentes entrevistados, varias veces mencionaron el hecho de “cambiar”. Cambiar por su abuela o por la madre, por la vergüenza de sus padres. Otros en cambio, habían abandonado su hogar a temprana edad porque entre salir a pedir dinero en la calle y llevar una suma constante de dinero al hogar; y quedarse con toda la ganancia y vagar libre por la calle, la libertad de la calle gana.

Por otro lado, tenemos el papel del Estado, el cual no entrega garantías de un futuro a los muchos jóvenes marginales que comenten delitos y se mueven en el límite de lo legal. No existen garantías de un futuro, la escuela no lo es y la protección familiar tampoco lo es. Solamente el Estado se hace presente en las leyes y el financiamiento de programas que disminuyan el fenómeno, sin embargo dicta mucho de acercarse realmente al problema y enfrentarlo desde sus raíces, las cuales se suponen en este trabajo: la desigualdad social que crece dramáticamente, aumentando la brecha entre unos y otros. Otro problema es la fe ciega en la educación, la cual carece de una sólida metodología de enseñanza y sus pilares son tan frágiles como su futuro, por ello, la apuesta hacia un sistema educativo como espacio neutro para la juventud, donde se logre una real integración social por medio de la educación, parece, por decir lo menos, utópico siempre y cuando las raíces de los problemas no se solucionen. Cuando suceda todo lo contrario, se podría apostar a una herramienta verdadera para otorgarle a los muchos adolescentes y adultos que no ven futuro ni porvenir en una sociedad donde la movilidad social esta reducida y el capitalismo, cada vez más severo, deja poco espacio para los sectores marginales.

Los procesos de marginación parecen no detenerse, y las políticas aplicadas a ello poseen fallas estructurales: “En toda sociedad encontraremos, en un determinado momento, una serie de valores hegemónicos y, en correlación con ellos, un conjunto de normas, implícitas o explicitas, producto de los diferentes conflictos y de los mecanismos socioculturales de superación de los mismos que la sociedad se ha ido dando a lo largos de su historia, para regular tanto su relación con el medio, como las relaciones entre los humanos” (Romani, Oriol, 1996:306)

Desde la antropología la juventud tiene a ser abarcada como tribu urbana, y mucho de los jóvenes entrevistados entran dentro de comunidades de pares que se asemejan, comparten y se protegen entre si, poseen identidad como grupo y se cohesionan. La reinserción social pretende que se apoyen es sus pares, lo cual es una contradicción, en el sentido que son sus pares y su entorno social matriz de su visión de vida, o al menos comparte un estilo de vida similar, una identidad delictual, que si no existen las garantías necesarias para pensar un futuro mejor, ni la familia mejorará, ni la comunidad experimentara una visión menos hegemónica sobre estos jóvenes que caen detenidos, y finalmente sus amistades parecen cerrar el mismo circulo vicioso del cual ellos son frutos.

Por otro lado, los gendarmes poseen una visión pesimista sobre las posibilidades de rehabilitación. Sus preocupaciones para con ellos son en primera instancia que no crucen la línea de fuego, ya que se verían obligados a disparar y aquello conlleva a un sumario. De las oportunidades que poseen los jóvenes es poca la esperanza para ellos, finalmente, los ven como semillas del mal, y continuadores de, a veces, tradiciones familiares, por ello, no existe manera de asegurar que cuando salgan del CIP vuelvan a la norma.

Los coordinadores no son la excepción. Se encariñan con los niños y muchas veces terminan siendo como padres, sin embargo, son pocas las posibilidades que ven ellos de reinsertarse en la sociedad como sujetos que se muevan ya no en la marginalidad ni en los bordes del sistema. Al parecer, si los jóvenes tienen mucha fe cristiana, el evangelio parece ser una poderosa forma de volverlos a la norma. Mas allá de la educación formal o de un oficio, la religión les entrega una nueva configuración de sentido sobre la vida, despojándolos de los nuevos valores para insertarlos en un mundo con nuevas significaciones y con redes sociales nuevas, esto funciona solo si tienen fe.

III.

A modo de reflexión final, es posible decir que el sistema social en el cual estamos insertos produce incertidumbre, pobreza y desigualdad; algo así como la ley del más fuerte. Y la supervivencia dentro del sistema tiene mucha relación con la capacidad de movilidad dentro de él y de adquisición de elementos que permitan la reproducción biológica y social, ello debe conseguirse de cualquier forma. Además, los seres humanos valoramos y significamos el entorno con las vivencias diarias y el choque con el mundo de la vida. En las entrevistas realizadas a los adolescentes, y trabajadores debelan que la complejidad de los fenómenos esta sujeta a las manera en como decidamos observar la acción. Podemos ver la delincuencia como jóvenes desadaptados o como determinados por una psicología específica; o una carencia material. Podría ser todo ello, o ninguna de las causas. Incluso, para complejizar de mayor manera, no necesariamente podríamos comprender en fenómeno de manera causal, sino un punto en el mapa donde confluyen los problemas, dinámicas y dilemas del mundo moderno, sobre el cual solo podemos decir finalmente, que esta constituido de otros micro problemas, y que después de todo, la realidad es recursiva, y gira sobre si misma, así las cosas, solo nos acercamos por los lados y aquellas soluciones planteadas en cuanto a la reinserción de los jóvenes, dicta mucho de un análisis acabado sobre el mundo contemporáneo y lo que es la juventud.

Referencias Bibliográficas.

Beck, Ulrich (2007) Vivir en la sociedad de riesgo. Documentos CIDOB. Serie dinámicas culturales N° 8. Barcelona.

Feixa, Carles (2000) Antropología de las Edades. En: Prat & Martínez (Ed) (2000): Ensayos de antropología cultural. Ariel Antropología. Barcelona

Romaní, Oriol (2000) Antropología de la marginación. Una cierta incertidumbre. En: Prat & Martínez (Ed) (2000): Ensayos de antropología cultural. Ariel antropología. Barcelona.

Taylor, S.J. Bogdan. (1999): Introducción a los Métodos Cualitativos de investigación. Editorial Paidós, Barcelona

Web grafía.

Del Gatto, Delia (2005). Efectos de los programas del SENAME en la integración de los niños y niñas. En:

http://www.sename.cl/SenameWebNeo/Controls/Neochannels/Neo_CH6193/deploy/Efectos_prog_Sename.pdf. Revisado el 01 de noviembre de 2007



[1] En el caso que no lo sea el análisis es diferente, ciñéndome a los datos obtenidos en el CIP, solo se hará referencia a familias marginales.

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