jueves, 15 de mayo de 2008

El concepto de Héroe, la noción de rol sociológico, y la noción Bourdeana de Habitus y Posición Social en el CIP de San Joaquín

Catalina Downey

Durante el segundo semestre del 2007, fuimos un grupo de estudiantes de quinto año de antropología a visitar semanalmente un establecimiento CIP de Santiago (Centro de Internación Provisional). A lo largo de este trabajo en terreno, tuvimos ocasión de conversar con muchos de los jóvenes que allí residen esperando una condena por delitos que varían en cuanto a su gravedad jurídica. Al mismo tiempo pudimos conocer las instalaciones y conversar con algunos de los tutores que están a cargo de los menores.
Es a propósito de esta experiencia que surge el argumento del ensayo que a continuación se presenta. La idea general de este texto es complementar la data etnográfica con algunos datos extraídos de la novela del chileno Alfredo Gómez Morel, El Río, encausando la reflexión en función de cuatro ejes temáticos principales: El concepto de Héroe, la noción de rol sociológico, y la noción Bourdeana de Habitus y Posición Social.
A modo introductorio se presentará una pequeña reseña acerca de la temática de la novela con la que se trabajará y luego algunos antecedentes y comentarios sobre la delincuencia juvenil como fenómeno social. A continuación se desarrollarán los tres ejes temáticos a modo de acápites diferenciados a través de los cuales se irá analizando la data etnográfica.

El Río

Esta novela, escrita en la primera mitad del siglo XX es una autobiografía que relata el tránsito de un menor hacia la delincuencia y cómo se va involucrando en el modo de vida de un grupo de jóvenes que vivían a orillas del Mapocho. El relato concluye cuando después de un largo camino recorrido es finalmente aceptado y adquiere un cierto nivel de prestigio al interior de la comunidad delictual nacional. Se ha escogido este relato como documento paralelo a la data etnográfica de terreno porque supone un retrato que si bien es de otra época, es bastante fiel y perfectamente extrapolable. Muestra una gama de códigos, jerarquías, concepciones y dinámicas internas de la comunidad delictual chilena que son fundamentales para comprender la forma en que los menores visitados se relacionan con sus pares dentro del recinto del CIP.

Antecedente sobre la delincuencia Juvenil

Según un estudio realizado en España, el término “delincuencia juvenil” viene recién a acuñarse en Inglaterra en 1815. Si bien constituye un fenómeno muy propio y transversal del mundo occidental, no hay gran consenso legislativo acerca de su definición y alcances en los diferentes países. Lo que si queda bastante claro es que este fenómeno adquiere visibilidad después de la Revolución Industrial y que, según el autor del estudio, entre sus causas se contarían: el desarrollo rápido de las ciudades (espacio), la progresiva desintegración de la familia como célula social (estructura) y el virtual debilitamiento del sistema religioso-moral de la sociedad postindustrial (simbólico).
El mismo estudio presenta una definición básica de delincuencia que servirá como punto de partida para esta reflexión. Se establece que la delincuencia es “el conjunto de infracciones que se cometen en un tiempo y en un lugar dados”
[1] y luego agrega que pueden distinguirse un punto de vista jurídico para el cual un delincuente es quien “comente una acción o una omisión contraria a la ley vigente” y un punto de vista social para el que el delincuente es “quien comete actos dañosos para con uno mismo, para sus semejantes o para los intereses morales y materiales de la sociedad”
De las definiciones anteriores surge la hipótesis de que el calificativo de delincuente que se hace a partir de una acción singular es una extrapolación que está en la base de la concepción materialista de la delincuencia de la cuál se hablará más adelante.
El estudio entrega además algunas características del fenómeno que se prestan para abrir algunos puntos de discusión. En primer lugar se establece que “La delincuencia caracteriza una conducta antisocial que expresa la inadaptación de un individuo a la sociedad”. Pues bien, a modo de cuestionamiento de esta concepción podríamos pensar que los individuos en la práctica no se insertan en la “sociedad” como una entidad monolítica, sino que más bien, transitan entre grupos de pertenencia diferenciados y más pequeños. De esta manera, lo que puede ser una actitud de “inadaptación” a la macro sociedad, puede también figurar como una forma de adaptación a un grupo de pertenencia marginal a los valores sociales o jurídicos de lo formal.
De esta manera cobra sentido la posterior clasificación de delincuencia que hace el mismo estudio donde se establece que existe una definición de delincuencia conocida como delincuencia Neurótica y que supone “la necesidad de ser reconocido y admirado y lograr una posición”.
Esto implica que para un cierto grupo de pertenencia el delinquir supone aprobación y reconocimiento. Tanto en la Novela de Morel como en los comentarios de los chicos esto parece ser de suma importancia. En una de las conversaciones del trabajo de campo un menor expresaba su anhelo de dejar la vida delictual, sin embargo luego agregaba que era algo difícil porque el negarse a robar le significaría perder todas sus amistades en el barrio, es decir, perder una gran cantidad de redes sociales entre las que se movía. Por su parte Morel cuenta cómo repetidas veces quiso dejar de delinquir pero que siempre volvía a hacerlo para impresionar y ser aceptado por el grupo de menores que vivían bajo el río a los que consideraba una familia.
Esta concepción de que existen diferentes grupos de pertenencia y que en algunos de ellos el delinquir puede ser un puente de acceso o una forma de permanencia, aceptación e incluso ascenso, adquiere mayor sustancia si tomamos en cuenta que una de las teorías explicativas del fenómeno es la de la Constetación. Esta teoría que tiene como figura central a Albert Cohen plantea que “La relación reside en que un grupo de jóvenes contestan y se enfrentan a la sociedad en forma de grupos y que se apartan o rechazan positivamente la moralidad de la mayoría. Forman una subcultura para ridiculizar la cultura a la que no pueden incorporarse y la convierten en una antítesis de esta cultura.(…) Esto significa que la conducta delictiva no responde a un afán de lucro, muchos delincuentes corren grandes riesgos por objetos de escaso valor”.
Así, vemos cómo los hechos delictivos muchas veces no mantienen una relación estrecha con lo material, sino que más bien constan de una dimensión simbólica y se relacionan con la construcción de un modo de vida y la aceptación e interacción al interior de un determinado grupo de pertenecía. A modo de ejemplo, el tutor del establecimiento visitado planteaba que muchas veces los menores no robaban por necesidad.
Pues bien, con estos antecedentes podemos decir que la delincuencia juvenil como fenómeno social no puede comprenderse tan solo en su dimensión factual. Existe en el imaginario legislativo una suerte de materialismo tácito que lleva a concebir los delitos en sí mismos como el eje de la acción. Se quiere evitar que los jóvenes delincan y se les castiga en función de lo que han hecho. No existe una mayor reflexividad acerca de cómo abordar y comprender el porqué se delinque de una u otra manera, qué razones existen para que los jóvenes adquieran y mantengan una actitud delictual como forma de vida y cómo funcionan las dinámicas simbólicas al interior de este estilo de vida. En resumen, existe poco interés o capacidad para comprender lo que sucede al interior de la comunidad de los jóvenes delincuentes.
El espectro a comprender es bastante amplio y es claro que no se puede hablar de una sola “comunidad de jóvenes delincuentes” sin embargo, en este comentario se hará el ejercicio de salvar matices y profundizar algunos aspectos de este grupo en un mayor nivel de abstracción, considerando, eso sí, la data recopilada en el trabajo de campo como ilustración del argumento.
Pues bien, lo primero que habría que decir, es que existe una construcción de un determinado rol sociológico al ser un joven delincuente y que tal rol se asienta en todo un entramado de códigos consensuados y reconocidos por el grupo (la familia y la sociedad pueden constituir grupos que no validen o conozcan ese código, sin embargo ese es otro tema y aquí nos estamos refiriendo al grupo de pares en frente a los que el joven actúa y se valida en la actitud delincuencial). Existe también, derivada de este rol una cierta identidad y posición social entre los pares. De esta manera, es ilusorio pretender “reformar” a un joven sin conocer cómo concibe tal rol y posición, cuál es la importancia que le atribuye y de qué manera se le puede acompañar en un tránsito a resignificar su posición social. Pues parece poco riguroso simplemente prohibir las actitudes que dan forma y representación a ese rol y dejarlos a la deriva sin una posición social que reemplace a la anterior.
Esto último guarda relación con lo que se plantea en el artículo “Tribus urbanas: por el devenir cultural de nuevas sociabilidades juveniles”, de Raul Zarzuri, cuando dice que “Frente a este fenómeno (la delincuencia juvenil), la opinión pública ha mostrado un creciente nivel de preocupación, pero no se cuenta -en este momento- con una batería interpretativa de la problemática que contribuya a caracterizar y entender en profundidad el suscrito fenómeno
[2]” y luego agrega que “No obstante, la emergencia y proliferación de las Tribus Urbanas se deja comprender mucho más eficazmente cuando las consideramos como la expresión de prácticas sociales y culturales más soterradas, que de un modo u otro están dando cuenta de una época vertiginosa y en constante proceso de mutación cultural y recambio de sus imaginarios simbólicos. Proceso que incluso comienza a minar las categorías con las cuales cuentan las ciencias sociales para abordar la complejidad social, y que particularmente en el caso de las nociones ligadas a la juventud la realidad parece desbordar más rápidamente los conceptos con los que se trabaja. Por lo cual se hace necesario y urgente generar una aproximación reflexiva encaminada a superar dichos desajustes.”[3]

Rol sociológico

En el artículo “Del rol estático a la posición dinámica en el desarrollo de las prácticas del trabajo social” de Rodolfo Nuñez, se establece que rol es un “concepto sociológico con que se designa el conjunto de expectativas que regula el comportamiento de un individuo en una situación dada. El rol y status son dos aspectos de la posición social: los individuos representan o desempeñan roles y ocupan o llenan un status."
Desde la antropología simbólica se ha planteado que los individuos guían sus acciones en función de una serie de roles y representaciones sociales cuyas formas se han ido dibujando cultural y socialmente. En este sentido, el análisis de los actos o la conducta de un individuo o de un grupo debe considerar a qué rol o posición social está respondiendo. Los actos delictuales en este caso y la actitud de un joven delincuente pueden verse como una representación, en dónde los símbolos y códigos son de suma importancia.
Por ejemplo, durante nuestra visita un tutor nos comentó que había tenido que castigar a los chicos ese día quitándoles a todos las zapatillas y autorizándolos sólo a usar las sandalias que les da el establecimiento. El tutor decía que para ellos eso era terrible, y en cierta manera es comprensible por la jerarquía que el calzado muestra. En un artículo de la tercera se hizo una indagación en varias tiendas de calzado y se llegó a la conclusión (algo apresurada por cierto) de que habían diferentes marcas y modelos para cada tipo de delincuente y que tenían derecho a usarlas en función de la gravedad y violencia de los actos delictuales que habían cometido. Esto, que parece ser un dato menor, nos remite a un tema bastante más profundo, porque tiene que ver con una estructura interna que es jerárquica y que los lleva a tener líderes a quienes admiran y a tener motivaciones de ascenso de status entre sus pares. En el relato de Morel, cuando llega al momento álgido de su biografía, es decir, el momento en que finalmente es aceptado con honores dentro del grupo, se puede observar muy claramente este fenómeno.
“Me intrigó. Decidí esperar. Los chicos me miraban con respeto. Me ofrecieron café. (los líderes) Llegaron a la madrugada. Venían acompañados por varios ladrones de otros barrios. El Gitano y el Zanahoria me tendieron la mano. No sabía bien cuál mano debería estrechar primero y me sentía extrañado por que no es ese el saludo de un hampón: cuando mucho lanza un escupitazo, encoge los hombros y dice: “¿qué tal?” opté por responder primero el saludo del más líder.(…) Se quedó mirándome sin soltarla, paseó los ojos en torno de los otros que parecían soldados romanos tras de su César y con sincera firmeza en el acento dijo: ahora sí Toño. (…). (El segundo líder, Gitano dice) muchachos este es el Toño. Se poltó ayél. La hizo como tóo un hombre (…)Me sentí sumamente halagado, pero ahora, en realidad, veo que no había calculado este resultado cuando organicé la fuga del Reformatorio. A estas alturas de mi vida me doy cuenta que el Ñato Tamayo tenía toda la razón cuando me aconsejó que los importante era lograr autenticidad en los actos. Cuando en verdad actúe a favor del grupo, sin tratar de impresionarlo y cuando mi batalla fue contra la Ciudad, sólo entonces el Grupo me aceptó y me concedió el carácter de líder”. (pág.347)
Según lo expresado por Morel en la comunidad delictual las expectativas de conductas sobre sus miembros es de suma importancia para la sobrevivencia del grupo. Esto, entre otras cosas, por lo delicado que es la posición social que este grupo ocupa y el riesgo permanente al que está expuesto. Así, Morel da a entender que existe un estricto código conductual al que los delincuentes deben atenerse para mantener una posición respetada en el grupo y no ser excluido o dejado de lado.
Siguiendo con la idea de rol, el mismo artículo anteriormente citado expresa que
"En virtualmente todas las transacciones grupales los participantes interactúan simultáneamente en dos funciones: en cuanto miembros que desempeñan roles y en cuanto seres humanos únicos. Cuando desempeñan roles convencionales, los hombres actúan como unidades de una estructura social. Hay consenso sobre las contribuciones que cada actor debe hacer y la conducta de cada participante se halla circunscripta por expectativas que se derivan de normas culturales. Cada persona se categoriza a sí misma y a los demás, recuerda los modelos apropiados de conducta que ha aprendido a través de su participación anterior en circunstancias similares y responde entonces a sus obligaciones. La acción concertada progresa así según una norma preestablecida. Cada persona puede ubicarse en el reparto del drama en el que desempeña un papel y desarrolla así una concepción operativa de lo que debe hacer”
[4]
Es importante recalcar entonces que el grupo al que se quiere comprender en la criminología no es un grupo anormal o una anomalía social como muchas veces se ha dicho. Es un grupo que por el contrario funciona con toda la estructura y complejidad de cualquier otro de la sociedad y es esta complejidad y delicadeza de matices de la que es necesario hacerse cargo a la hora de penalizar ciertas conductas y pretender reducir los índices de menores que lleven este estilo de vida.

Habitus posición

Existe toda una dimensión de la delincuencia como fenómeno simbólico que tiene mucho que ver con la definición de habitus que realiza Bourdieu. Así, existen un entramado simbólico de roles que muchas veces tienen condensaciones heroicas y que en la práctica actúan como un juego de representaciones y conductas que van esbozando una cultura delictual concreta y una determinada visión de prestigios y jerarquías al interior de la misma.
En el mismo artículo citado anteriormente acerca del rol, se plantea siguiendo las ideas de Bourdieu que “El habitus como sentido de juego, es juego social incorporado, vuelto naturaleza. Al hablar de juego, Bourdieu se refiere a una actividad regulada, que obedece a ciertas regularidades sin ser necesariamente el producto de la obediencia a reglas”.
Por otra parte, la noción de estrategia es el “ producto del sentido práctico como sentido del juego, de un juego social particular, históricamente definido (...). El buen jugador, que es en cierto modo el juego hecho hombre, hace en cada instante lo que hay que hacer, lo que demanda y exige el juego. Esto supone una invención permanente, indispensable para adaptarse a situaciones indefinidamente variadas, nunca perfectamente idénticas. Lo que no asegura la obediencia mecánica a la regla explícita, codificada (cuando existe). Describir por ejemplo las estrategias de doble juego consistentes en ponerse en regla, en poner el derecho de su parte, en actuar conforme a intereses mientras se aparenta obedecer a la regla...".
Esto en fundamental para rebatir el argumento de que los “delincuentes juveniles” son “antisociales” puesto que no es que no respondan a ninguna regla o autoridad, sino que por el contrario están permanentemente sometidos a ellas. La diferencia radica en que esas reglas que siguen son propias de un círculo marginal que funciona con una lógica distinta a la formal.
Por lo tanto, y para sintetizar "el habitus es a la vez un sistema de esquemas de producción de prácticas y un sistema de esquemas de percepción y de apreciación de las prácticas".
Así vemos como en la prácticas loe hechos delictuales se mezclan con las percepciones simbólicas y las concepciones que cada joven va forjando de su entorno y cómo moverse en él de manera de responder a las expectativas sociales que se tiene de su conducta. El que elijan cumplir con las expectativas de sus pares a de su grupo de pertenencia de redes y no de las formales cuando son opuestas es materia de otro análisis pero sería un buen punto de partida para lograr una resignificación de su estilo de vida.
Se podría realizar entonces el cruce entre la noción de habitus y la de posición o rol sociológico y como resultado de tal intersección aparece una gama de posibles interpretaciones o prismas. En el mismo estudio desde donde se han extraído algunos de los conceptos precedentes, se establece una clasificación de diferentes posiciones sociales, en este caso es relevante la definición que se hace de “posición lateral” puesto que se relaciona con las conductas delictuales y posibilita desarrollar una comprensión más acabada de las dinámicas simbólicas y relacionales de grupo que actúan como conductores de la hechos delictuales.
“La posición lateral, funciona en los intersticios de las instituciones, corredores, boliches, los efectos colusivos y de complicidades se dan, en estos espacios. Producen mucho poder o fuerza en el sentido de la construcción de un sistema de complicidades múltiples que se agencia en los colectivos. No respeta jerarquías, ni instituidos y fueron descriptos por Foucault como una serie compleja de ilegalismos, normas, hábitos y usos de costumbres fácticas en lo que se ha llamado como cultura organizacional. Lugar de vínculos de cargas y descargas libidinales, su agenciamiento básico es el poder de lo fáctico”.
Podríamos en este sentido hablar de cierto habitus delictual en donde como veíamos anteriormente hay una serie de reglamentos internos complejos y determinantes. Es necesario interiorizarse más en tales mecanismos para conocer qué está en juego en cada acto delictual. Como pudimos observar en los chicos muchos de ellos se veían insertos en situaciones delictuales como resultado de estar “siguiendo” a pares mayores y con más experiencia. Hay una admiración y como dice Morel, los verdaderos patos malos son muy admirados por los menores que está recién cometiendo delitos leves. Es aquí donde también se inserta la figura del héroe.

Héroe

El concepto de héroe ha sido trabajado desde diferentes enfoques tendencias teóricas. En un artículo que contrasta la realidad de los héroes contemporáneos a la de los personajes heroicos míticos, se destaca que lo héroes contemporáneos surgen de la cultura popular y que son “una suerte de traducción simbólica de los valores privilegiados de la sociedad”. De esta manera se podría pensar la noción de héroe en términos simbólicos supone una condensación de valores consensuados de un grupo o comunidad. En este caso podríamos hablar de un anti héroe. Como se estableció anteriormente la sociedad y sus valores no son categorías monolíticas y es importante recalcar que, de forma contraria a lo que puedan expresar algunos medio de comunicación, la comunidad de menores que delinquen no es un grupo amoral o sin valores. Lo que si ocurre es que sus valores y reglas son diferentes a lo formal y es necesario comprenderlas para poder “reformar” o resignificar sus conductas. Los chicos con los se conversó tenían muy claro por ejemplo a quienes robaban y a quienes no. Uno de ellos de tan solo 13 años aseguraba que él nunca robaba a mujeres ni ancianos. Por otra parte Morel hablaba de que los robos tenían un trasfondo de querer vengarse al algún personaje altivo y prepotente que les recordaba la forma en que la sociedad de comportaba con ellos. Incluso, después de haber publicado ya varios libros y de haberse incorporado al mundo “formal” de la vida social, Morel en una carta a la directora de criminología de la Universidad de Chile reconoce que la gente de la Ciudad no era tan repulsiva como él pensaba cuando era más joven y los veía a todos como seres patéticos y cobardes, pero que aún después de su “reformamiento” “de noche salía por los arrabales y alternaba con las gentes de mi mundo. No podía sustraerme del encanto de mi ayer.” (Pág.14)
Así, podemos ver como la serie de valores y representaciones simbólicas que tiene la comunidad delictual son en realidad antitéticas a las de la sociedad, pero no inexistentes y junto con ellas tienes sus líderes y héroes, como aquellos personajes míticos o reales que mejor representan y condensan esa serie de actitudes o principios que son admirados o bien vistos al interior del grupo.
Por otra parte, un estudio sociológico acerca de la noción de héroe, establece que existen una serie de motivaciones y condiciones para las conductas heroicas. El estudio plantea que:
“Las disposiciones son una serie de estructuras simbólicas constitutivas de sentido que el sujeto posee en su sistema de percepción y que fueron construidas durante su historia de vida; son los esquemas interiorizados que permiten la acción y que fueron elaborados durante su proceso de socialización. En un momento dado, bajo una estimulación particular, se "activan" algunos aspectos que desarrollan enormemente la posibilidad de convertirse en héroe”.
Así, el conocer cómo se construyen en el imaginario de los menores estos modelos históricos y qué importancia le atribuyen, es también necesario, puesto que para que dejen de cometer hechos delictuales, en necesario que primero puedan generar un cambio en las concepciones simbólicas dentro de las cuales esos hechos tienen sentido e importancia.

A modo de cierre

A pesar de que legislativamente no se observa un reconocimiento más acabado del proceso de cambio que supone el dejar de delinquir, sí existen otras iniciativas sociales periféricas que parecen haber resuelto de mejor manera esta temática. Un ejemplo de esto es el video Equm, donde se muestra la intervención social que realiza la organización chilena del Circo del Mundo, cuya principal función es trabajar con jóvenes en riesgo social entregándoles herramientas y la posibilidad de construir un nuevo código conductual y pertenecer a un grupo con una validación y posición diferentes. Ligado al arte y al quehacer circense, los jóvenes encuentran una nueva confirmación de identidad que les permite adquirir posición y reconocimiento entre pares en otra esfera de la acción.

Bibliografía
· Gómez Morel, Alfredo. El Río. Ed. Talleres de Arancibia Hnos. 1963. Santiago de Chile.
Webgrafía
·
http://www.naya.org.ar/congreso2000/ponencias/Raul_Zarzuri.htm
· http://www.cybertesis.cl/tesis/uchile/2004/alvarez_c/sources/alvarez_c.pdf
· http://www.myriades1.com/vernotas.php?id=157&lang=es
·
http://www.ugr.es/~pwlac/G19_12Hugo_Jose_Suarez.html
· http://www.campogrupal.com/rol.html
·
http://pdf.rincondelvago.com/investigacion-cientifica-sobre-la-delincuencia-juvenil-en-santiago-de-chile.html


[1] http://pdf.rincondelvago.com/investigacion-cientifica-sobre-la-delincuencia-juvenil-en-santiago-de-chile.html

[2] http://www.naya.org.ar/congreso2000/ponencias/Raul_Zarzuri.htm

[3] http://www.naya.org.ar/congreso2000/ponencias/Raul_Zarzuri.htm

[4] http://www.campogrupal.com/rol.html

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